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RUMBO A LA DEMOCRACIA

1957 es el año de la agonía dictatorial que devendría en muerte en enero del año siguiente. Ese es el período del resurgimiento de la oposición a la dictadura; se crea la Junta Patriótica, integrada por su presidente Fabricio Ojeda (periodista de URD). Enrique Aristiguieta Gramcko (COPEI), Guillermo García Ponce (periodista del PCV), y Silvestre Ortiz Bucarán (AD); ocurre el movimiento estudiantil del 21 de noviembre; se concretan los contactos cívico-militares; y la dictadura presenta y ejecuta el famoso plebiscito del 15 de diciembre, con que aspiraba legalizarse el régimen prolongándose en un nuevo período de mando para el dictador Marcos Pérez Jiménez.
“... tuvo lugar el plebiscito en medio de la mayor indiferencia -escribe Luis Herrera Campíns, Presidente de la Republica 1979-1984-. La burla había sido demasiado grande e insoportable la mascarada. La dictadura confiaba excesivamente en el terror sembrado en los años anteriores. El plebiscito colmó los límites de la paciencia ciudadana. Cinco semanas más tarde se desmoronaría el castillo que tenia apariencia de pétrea solidez.” (11:101)
Los periodistas estaban en la primera línea de ofensiva contra la dictadura. Fabricio Ojeda y Guillermo García Ponce, el primero ejerciendo el reporterismo legalmente y el segundo sumergido en la clandestinidad, son muestra clara de la estrecha relación que tuvo el comando político antidictatorial con el gremio de la prensa, cuyo aporte en los últimos días del perezjimenismo gobernante es tal vez la más importante contribución de un sector profesional al rescate de los derechos populares. Desde el anonimato, decenas de periodistas y trabajadores de la prensa establecieron un formidable correaje de resistencia conectado a la Junta Patriótica, que pasó a coordinar la resistencia civil contra Pérez Jiménez y sus acólitos. Ello quedó demostrado con la Huelga de Prensa del 20-21 de enero de 1958, que fue el detonante de la Huelga General decretada por la Junta Patriótica.
La dictadura tuvo su primer golpe mortal con el alzamiento militar del 1ro de enero de 1958. Un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea de Venezuela, desde Maracay, y de motoblindados de Caracas, insurgen contra el autocrático régimen, y aunque cuentan con algún apoyo civil son derrotados y obligados a capitular, tocando a unos la cárcel, y a otros la clandestinidad y a terceros el exilio. Sin embargo, no todo fueron pérdidas. La situación interna de las Fuerzas Armadas, quedó demostrado, era muy diferente al monolitismo pregonado por el régimen, y fue catalizada por la avanzada de destacados oficiales de carrera que ya no podían continuar haciéndose cómplices de la ignominia dictatorial.
Ese inesperado movimiento militar fue seguido por acciones que querían consolidarlo. En ese sentido, la Junta Patriótica decidió presionar para que los periódicos salieran el día dos sin censura o dejaran de circular, en acto de irreverencia ante el poder y para enterar a todo el país de los acontecimientos que herían de muerte a un régimen descomposición.
-El 1ro de enero, cuando los militares se alzaron –cuenta Arístides Bastidas-, se me ordenó a mí, la Junta Patriótica le ordenó a Fabricio Ojeda y a (Eleazar) Díaz Rangel, que visitaran a los directores de periódicos para pedir que salieran el 2 sin censura. A mí me tocó en la tarde, hacer una diligencia mucho más a fondo. Como las empresas estaban disgustadas con Pérez Jiménez, no sólo por la censura que les tenía impuesta sino porque Pérez Jiménez había utilizado millones y millones de centímetros (centímetros/columna) durante el plebiscito para su propaganda y no les había pagado, y las empresas ya estaban muy disgustadas con él, entonces los empresarios tenían ganas de paralizarse. Yo fui en representación de los trabajadores, hablé en El Nacional con Alejandro Otero Silva (Administrador) y con Humberto Rivas Mijares (Director), y de acuerdo con ellos, me fui a hablar con Miguel Capriles, y a hacer contacto con los Núñez (dueños de El Universal), porque la idea era que trabajadores y empresarios se pusieran de acuerdo para cerrar los periódicos y no aparecer el dos de enero. Estas cosas se han contado muy poco ¿no?... Miguel Angel Capriles me citó al Teatro Colinas (en Bello Monte), como a las cuatro y media de la tarde. Yo me despedí de los directivos de El Nacional que esperaban mi llamada que les confirmara que Capriles iba a parar los periódicos de él, para ellos parar el suyo. Y entonces, en el Teatro Colinas me estaba esperando un representante de Capriles; Capriles estaba ya escondido porque estaba vinculado al golpe del 1ro de enero, y me llevaron por ahí pa’arriba, con una cantidad de misterios, por esas colinas; fui a la casa de Capriles y me dijo: lo que tengo que decir es que yo estoy en contacto con los militares, estoy comprometido con este movimiento, y yo paro mis periódicos e inclusive voy a pagarle los salarios caídos a mis trabajadores, me comprometo formalmente. Entonces, llame a El Nacional para que pararan también, y llamé a El Universal para que también parara. En El Universal habían dejado para recibir mi llamada confirmatoria de que Capriles paraba, como coordinador del movimiento, a Benarroche. Yo le dije: ¿tú eres el hombre de confianza de los Núñez? Paren el periódico porque ya está confirmado que los Capriles van a parar. Este Benarroche salió del El Universal, que quedaba en la esquina de Principal, y fue a la Gobernación y delató a Capriles y me delató a mí. En la noche hicieron preso a Capriles y entonces se inició la búsqueda mía, porque consideraban que yo era el tipo que estaba dirigiendo la cosa por parte de los periodistas, y no era así.
-¿Quiénes la dirigían?
-Estaba Díaz Rangel, quien realmente tuvo, pues,... se movilizó mucho en eso. Díaz Rangel tuvo indudablemente una acción organizativa y dirigente bastante importante. De igual modo Fabricio... Y diría, yo estaba más o menos por ahí.
Los Periódicos dejaron de circular, efectivamente, el dos de enero. Reaparecen el tres, por imposición del gobierno.
-El cuatro –continua Bastidas-, Vallenilla Lanz le impuso a todos los directores de periódicos que dijeran que la situación era normal y les impuso la obligación de publicar en la primera pagina editoriales favorables al gobierno, concebidos en el estilo de cada periódico. Nosotros, por nuestra propia cuenta, decidimos que parábamos los periódicos otra vez. Recuerdo que Díaz Rangel y yo botamos todos los materiales que estaban allí adentro (en la redacción del El Nacional); entramos a la sala de cables y rompimos todos los cables, y se hicieron contactos con los demás periódicos para que no salieran al día siguiente, y nos fuimos todos a “la concha”. El cinco de enero salieron unas ediciones raquíticas de todos los periódicos, porque la Seguridad Nacional había invadido todos los periódicos, metralletas en mano, y sacaron los periódicos con los materiales que encontraron. Esa noche, la del cuatro de enero, sacaron a Capriles (que estaba preso en la SN) y lo llevaron, barbudo, sin paltó, en camisa, sin corbata, con los zapatos sin medias y con los cordones sueltos, en ese lamentable estado lo llevaron al periódico para que mandara a los trabajadores a que sacaran los periódicos, las ediciones raquíticas. Sin embargo, el gobierno no ordenó ningún tipo de represión contra los periodistas. Al único tipo que buscaban era a mí, al único... el gobierno estaba muy desorientado.
El desmoronamiento estaba en marcha. Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, Ministro del Interior y Jefe de la Seguridad Nacional, respectivamente, abandonan el país.

EL MANIFIESTO DE LOS INTELECTUALES

En medio de la grave efervescencia política, surge la publicación del “Manifiesto de los Intelectuales”, elemento de gran importancia política pues sintetizó el plan democratizador de los opositores al régimen. Entre las exigencias más importantes que formulaba, estaban la libertad de expresión, elección popular de los gobernantes, restablecimiento de la moralidad pública, desarrollo libre de la cultura, etc. A la vez, exponía el criterio según el cual no era indispensable la existencia de un antagonismo entre fuerzas civiles y fuerzas militares, claro elemento de “puente” hacia sectores de la Fuerzas Armadas Nacionales susceptibles de contribuir a la estocada antidictatorial.
El documento tuvo dos ediciones, debido a que al conocerse la primera muchos otros quisieron unir sus firmas ampliando la base de protesta e involucrando a densos sectores políticos y culturales. La primera fue impresa por el periodista y hoy docente universitario Manuel Isidro Molina Gavidia, quien para la época tenia una imprenta en la casa 141-1 de la calle Colombia, entre la quinta y sexta avenida de Catia. La segunda, fue tirada en “Prensa Médica” de Ángel Bajares Lanza, imprenta ubicada frente a la Plaza de los Venados, en San Bernardino.

MATRIZ PEREZJEMINISTA

Sobre este particular, el profesor Molina (14) reveló una anécdota muy interesante. Resulta que el original del “Manifiesto de los Intelectuales” le fue entregado por Guillermo García Ponce para que lo reprodujera lo más rápidamente posible, de manera que pudiera ser repartido con prontitud. Hecho el montaje en “prueba final” (lo iban a imprimir en una prensa offset). Molina lo llevó adonde un amigo que tenía un taller de fotograbados cerca de Llaguno, para que hiciera el negativo para la plancha. Éste, cuyo nombre escapa a la memoria de MIM, prometió tener listo el asunto a las dos de la tarde, hora exacta en que debían pasar recogiéndolo. Cuando Molina llega a Llaguno en la tarde, pregunta por su amigo y le informan que no había regresado, pero que pronto estaría allí. Efectivamente, a los pocos minutos de nerviosa espera, llegó el hombre con un rollo debajo del brazo y se lo entrega a Molina. Sorprendido éste, le pregunta que de dónde lo traía, que dónde había sacado el negativo, todo ello tratando de no despertar sospechas. Y cual no sería su sorpresa, cuando el diligente colega le informó tranquilamente:
“De Conejo Blanco...”
-Es que el hombre tenía su taller –expresó MIMG– y además trabajaba para la imprenta de los militares en Conejo Blanco! Imagínate el susto mío: el documento de los intelectuales pasó por la imprenta de los militares!
El documento se reprodujo en la “Editorial Rotacolor” de Manuel Isidro Molina Gavidia. Personalmente y hasta la madrugada se dedicó a ello, para tenerlo listo muy temprano. Concluida la reproducción, fueron destruidos todos los restos del material, en prevención de cualquier incursión de la Seguridad Nacional, cuyos matones más de una vez habían visitado el lugar y encarcelado a Molina. A las dos de la madrugada Guillermo García Ponce, disfrazado de obrero, recogió los paquetes.
Pero a la mañana siguiente ocurre algo muy simpático con el “Gocho” Francisco Guerrero Pulido, también periodista, quien participó en la redacción del documento, y fue compañero de estudios de Molina en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela. Resulta que FGP se encuentra con MIM al culminar las clases, y lo invita con gran misterio a irse con él para entregarle algo muy importante y reservado. Con extremo celo y no menos solemnidad, PGP se niega a revelar nada a su compañero antes de llegar a una casa-quinta de El Paraíso. Una vez allá, entran y es cuando Molina recibe un rollito de hojas, con la advertencia de que no se lo deje ver, que es muy importante, que mucho cuidado con la policía, pero que reparta esas veinte hojitas entre sus amigos.
-Era el manifiesto de los intelectuales del que yo había impreso la noche anterior treinta mil ejemplares, contó Manuel Isidro Molina Gavidia gratamente, recordando al “Gocho”, su amigo y camarada de militancia en el PCV, quien actualmente está en su tierra natal, Táchira, al frente del diario La Nación.

LA HUELGA DEL 20-21 DE ENERO

Ya en la segunda quincena de enero, la dictadura lucía desarticulada e insegura. Había perdido a su fiel Ministro de Relaciones Interiores y al padre de la persecución y la tortura que resumía la Seguridad Nacional. Se multiplicaban los manifiestos de apoyo al cambio democrático, a la libertad política, a la escogencia democrática del gobierno, etc. La fuerza de los trabajadores pasó otra vez a primer plano: era necesario paralizar al país en repudio al perezjimenismo opresor. La Junta Patriótica lanza la orden Huelga General para el 21 de enero de 1958. Era el golpe final a la dictadura, quedando de manifiesto la voluntad nacional de enderezar el rumbo del país hacia mejores senderos. Eran tiempos de “unidad nacional”, todos a uno condenaba al régimen de Marcos Pérez Jiménez, militares y civiles, tanto los trabajadores como los empresarios que supieron cobijarse con los beneficios de la dictadura en tiempos anteriores; adecos y comunistas, copeyanos y urredistas, ateos y cristianos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres. La discordia y las traiciones vendrían meses después, cuando la historia se encargaría de demostrar que en un país de tantos contrastes como Venezuela, la unidad se dio sólo en torno a la necesidad común: sacar de Miraflores al dictador, quedando para la desunión el resto de las cuestiones vitales de la nación. Hubo torrentes de lucha popular, de intenciones tan puramente libertarias como transparente es el alma de los pueblos. Pero sin mucha preocupación por el futuro.
En ese torrente participaron los periodistas, movidos por la dirigencia de la Asociación Venezolana de Periodistas, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y las fracciones del PCV, AD y URD, con una muy particular tarea: la paralización de la prensa. Esta se produjo el 20 de enero, precisamente para que los diarios no circularan al día siguiente y sirviera esto de alarma nacional, para la Huelga General que a partir de las 12 del mediodía del 21 de enero, comenzaría en todo el territorio patrio. Esa Huelga de Prensa del 20-21, fue coordinada fundamentalmente por militantes del Partido Comunista de Venezuela y de Acción Democrática; gremialmente, participaron el SNTP, la AVP, la Federación de Trabajadores de la Industria Gráfica (FETIG), a la cual estaba afiliado el Sindicato de la Prensa, y otras organizaciones sindicales.
Los contratos con las otras ramas de trabajadores de la industria gráfica se venían realizando periódicamente. Claudio Cedeño y Rafael Hueck Condado (Secretario General del SNTP en el período 57-59) completaban los nueve miembros de la Junta Directiva de la FETIG. El trabajo sindical de los años cincuenta permitía esa estrecha relación.
-Ya habíamos constituido la Junta Patriótica – contó Cedeño – es decir, a raíz de una conversación navideña de 1956, Fabricio (Ojeda) y yo veníamos conversando de eso, y entonces el me dijo: yo creo que ya este año debemos iniciar las cosas, abiertamente con una organización en regla, háblate con el partido para que de los pasos necesarios para eso. Entonces yo hable con Guillermo García Ponce... Habíamos convenido que el alerta, pues, para que lo entendiera todo el país, para dar idea de que era un movimiento que iba en serio, había que dejar sin periódicos al país ese día. Entonces esa tarde, el 20 nosotros nos reunimos. Nos reuníamos semanalmente la Junta Directiva de la FEITG, éramos nueve miembros, yo formaba parte junto con (Rafael) Hueck Condado por el Sindicato de la Prensa. Y nos reuníamos también, con la gente de Pilita (en la Pastora), Virgilio Hernández, Galindo, el “negro” Amaya, un grupo de adecos, pues, que iban a ponerle la salsa a la cosa movilizando otras actividades sindicales. Ellos eran zapateros, de la harina, de la madera, de diferentes sindicatos, carpinteros y de otras actividades.
-En todo caso, ¿en la huelga de la prensa quien llevaba el mayor peso era el Sindicato de la Prensa?
-Bueno... la AVP y el SNTP. Nosotros llevamos el peso porque, fíjate tú que llegamos ese día (el 20) y los únicos que estábamos seguros de ir a la huelga éramos nosotros, que estábamos seguros que había que ir a la huelga.
-¿Eso era decisión de la Junta Patriótica?
-Claro, la Junta Patriótica estaba embalada con eso ya.
-¿Lo había decidido cuándo?
-Chico, había ahí toda una combinación, yo no sé cuando podría haber sido decidida, pero una serie de acciones se precipitaron en esa época para hacerla: las manifestaciones de noviembre (de 1957) de los estudiantes, te indicaban una actividad que iba in crecendo, en aumento cada día. Y cuando se da la cosa del 1º de enero, que aparecen los aviones, etcétera, entonces ya la gente perdió el miedo; la Seguridad Nacional se arrinconó completamente con esa vaina, porque se vio que eran aviadores contra la Seguridad Nacional, que no había unidad dentro del Ejercito, en las Fuerzas Armadas; se vio el desmoronamiento y, entonces, todo el mundo le cayó a eso. Se preparó aceleradamente una huelga insurreccional, general, y lo que tenía que llamar la atención, ser el alerta de todo, era dejar de funcionar los periódicos, porque todo el país se iba a enterar, ¿qué pasó?, al no llegar el periódico a ninguna parte, ¡Había que tirar la huela de prensa!
Claudio Cedeño, con la serenidad que permiten 20 años de reflexión, cuenta que no era una disposición unánime a nivel sindical, en el área de los trabajadores gráficos que participaban en la elaboración de los diarios, tampoco en sus dirigentes. En el año 52, cuando la huelga de prensa del 2 de diciembre, sucedió algo similar que no pudo ser superado. Esta vez, unas trompadas sirvieron para hacer entrar en razón al máximo dirigente de la FETING:
-Pero había esa situación que te dije antes –revela CC-: nosotros estábamos decididos, dentro de las nueve personas que estábamos en la Directiva de la Federación Gráfica, éramos dos votos que estábamos decididos a ir a la huelga...
-¿Los directivos del PC?
-Sí, los del Partido. Nosotros convencimos a los linotipistas que eran adecos y se convencieron que sí, que había que tirar la huelga. Ellos decían que había que hacer la huelga a lo que saliera. Nadie estaba seguro de lo que iba a pasar, pero ellos decían salga lo que salga yo voy. Pero había una persona, nada menos que el presidente de la Federación, que estaba en contra: Gil Gutiérrez. Vinieron los de Dos Pilitas que estaban dispuestos a echarle bolas a esa vaina, hablaron con ellos, intervinieron y después de unos carajazos que tuvieron, se decidió por unanimidad: vamos a la huelga, y todo el mundo a la huelga.
-Claudio Cedeño fue el encargado –refiere Arístides Bastidas– de organizar la reunión de los dirigentes sindicales para el paro nacional de la prensa. Para ese paro de la prensa, Fabricio Ojeda se entrevistó con el Concejo Bancario Nacional, y ellos dijeron que sí paraban los bancos, pero después que pararan los periódicos, a mediodía. Y las reuniones de Claudio Cedeño... Hubo ahí una anécdota, creo que Elisaúl Puchi le zumbó un carajazo a José Gil Gutiérrez, presidente de la FETIG, porque no quería aprobar la huelga. Yo no estuve en esa reunión. El día que íbamos a hacer el paro, yo estaba disfrazado de conductor, de chofer de autobús, que en esa época tenían que cargar obligatoriamente una cachucha y una chaqueta, entonces, yo andaba con una chaqueta, una cachucha y una esterilla. Era la huelga del 20, para no salir el 21. Miguel de los Santos (también periodista) me dijo que venia de La Religión, donde había sabido que Vallenilla Lanz había llamado al padre (Hernández) Chapellín y lo había insultado y le había dicho que iba a invadir enseguida los periódicos, porque lo que era los periódicos le salían el 21. Y entonces nosotros apresuramos la huelga; yo le di el parte a los compañeros y se apresuró la huelga, se declaró la huelga enseguida, a las cuatro y pico, cinco de la tarde, del 20 de enero. Al día siguiente, el único periódico que circuló en Caracas fue Panorama, de Maracaibo, que era del “loco” Ramírez McGregor.
-¿Hubo algún documento del Sindicato o de la AVP?, preguntamos a Claudio Cedeño.
-No nada. No era posible hacer documentos de ninguna especie, nada de esas cosas. Nadie te firmaba un carajo, nadie se quería comprometer, documento nada.
-Pero a mi me refirieron que Miguel Ángel Capriles había dado un dinero para sacar el documento de la huelga...
-Ah, ese fue el documento de los intelectuales, no documento nuestro. Nosotros no podíamos porque se iban a oponer; nadie se iba a poner a decir el Sindicato va a sacar un documento.
-¿Era una autodelación?
-Claro. Ni el Sindicato podía sacar un documento como sindicato, porque eran actividades que le estaban prohibidas, inmediatamente podían liquidar ese sindicato.
-Y meter presa a la Directiva, por lo menos...
-No, no; liquidar el sindicato era todavía mucho más grave, imagínate tú que el Sindicato se comprometa a una vaina de esas, y te eliminen al Sindicato... bueno, los contratos se van al carajo, los patronos hacen lo que les da la gana. Entonces qué pasaba: la gente iba a decir bueno, ahí está la política metida en esa vaina, lo que ha proporcionado la liquidación del sindicato. Entonces uno no podía suscribir un documento, nadie podía suscribir eso. Por eso no aparece ningún tipo de documento, porque era una actividad completamente ilegal y además perjudicial (el documento) porque, qué carajo, el que se echaba esa vaina se jodía, tu eras responsable de que el Sindicato de la Prensa lo hubiesen ilegalizado y entonces te execraban no solamente los patronos y el gobierno, sino que también las fuerzas amigas y los partidos políticos, y todos te decían irresponsable.
-Era conservar el Sindicato a como diera lugar...
-Sí, afirmó lacónicamente Claudio Cedeño.
El movimiento se dio como estaba planificado. No salieron los diarios y comenzó la Huelga General, insurreccional, para derrocar la dictadura. De esa experiencia nos cuenta Arístides Bastidas:
-Todos estuvimos por ahí. Fuimos a las manifestaciones. A mí me toco controlar a los profesionales universitarios, frente a Santa Teresa, y nos cayeron a bombazo limpio y a planazos. A mí me dieron, ¡no joda!... y después que cayó Pérez Jiménez, decían que durante los días esos se había descubierto el “cortisonato de plomo”, porque a mí se me había quitado el reumatismo. Es verdad, ¿no?, porque me dieron un planazo y cuando me fueron a buscar pa’l segundo ya yo estaba en la esquina del Hoyo. Los policías llegaron... y a planazo limpio... Por supuesto, yo me paré allí (en Santa Teresa) y como era el coordinador, imagínate tú, eran doctores, ingenieros y vaina los que estaban allí y entonces los tipos cuando vieron aquella vaina prendida se fueron pa’l carajo. Ahora, como yo estaba de espaldas a ellos, no me di cuenta que había corrido, ¿tú ves?. Entonces yo que levanto la cara y un policía que se enjarca y me da un planazo, y cuando volteo... ¡no joda!...no había nadie, chico. El policía lo que quería era espantarme, y me dio un carajazo, un planazo y yo salí corriendo por ahí pa’bajo!
Esa, la Huelga General del 21 de enero de 1958, fue una jornada histórica de Venezuela, y los trabajadores de la prensa abren esa página un día antes, garantizando el paro de los diarios capitalinos desde la tarde del 20, para impedir que circularan el 21. Ya la suerte estaba echada, la dictadura estaba feneciendo. Cuando los diarios reaparecen el 23, en tiraje retardado, es para anunciar a los venezolanos y al mundo que se había ganado la batalla, el dictador había huido, las calles eran escenario de alegría popular. Los saqueos a las mansiones de los dictadores expresaron la ira de un pueblo que salía de la bruma sangrienta y mentirosa. Desde palacio se llamaba a la calma mientras las jugarretas tras bambalinas imponían gobernantes alejados del sentir popular. La cárcel de El Obispo y el edificio de la Seguridad Nacional fueron asaltados por turbas populares que liberaban a los presos. Wolfgang Larrazabal preside la Junta de Gobierno que integraban además los coroneles Abel Romero Villate, Carlos Luis Raque, Roberto Casanova y Pedro José Quevedo. Luego se la amplía con Blas Lamberti y Eugenio Mendoza. Este venía de ser condecorado, precisamente, por Marcos Pérez Jiménez, a quien varios gobernantes imitaron más tarde en eso de las preseas.

Continúa en SNTP (V)

 
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