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NACIMIENTO Y DESARROLLO DEL SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA PRENSA (VENEZUELA)
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En los meses siguientes, se firmaron contratos con El País, El Universal, El Nacional, y a la vuelta de un año ya estaban firmados con todas las empresas periodísticas caraqueñas y las agencias noticiosas con corresponsalías en Caracas: las famosas transnacionales estadounidenses UPI y AP. Así lo deja ver Rafael Calderón, quien se ausentaba de Caracas a menudo por razones personales que le obligaban viajar a Apure, en la carta de renuncia a la Secretaria General del “Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa” en septiembre de 1947, cuando definitivamente asume el cargo Bernardo Dolande.
-Uno de los tipos que trabajó mucho –refirió RC– fue Bernardo Dolande, gran amigo, por cierto; Arístides (Bastidas) “El Enano”, que fue Secretario General varias veces... yo a él lo quiero mucho, nosotros tenemos muy buena amistad, porque trabajábamos un grupito de tres o cuatro que andábamos pa’rriba y pa’bajo, pa’rriba y pa’bajo, nos vemos aquí, nos vemos en la esquina, vámonos pa’llá, vamos a comer...Pero claro, yo tenía que viajar a San Fernando, yo era solo. Los reales...sin plata y sin trabajo. Yo iba a Apure, mi pueblo, estaba unos meses, me venía pa’ca, iba pa’llá y así estaba...
-¿Se desincorporaba y asumía Dolande?
-Si, exacto.
-¿Usted renunció a la Directiva del Sindicato en septiembre del 47?
-Sí, en el 47...
-Yo leí su carta de renuncia (26) –le comentamos a RC-. Me parece interesante que allí usted dice que en un año ya estaban firmados los contratos con todos los periódicos...
-Bueno, sí, cómo no...
-¿Son todos?
-No había sino cuatro o cinco... El Nacional, Universal, Esfera y Heraldo...
-Y Ultima Noticias...
-Y Ultimas Noticias que firmaba, qué te diré yo, muy defectuosamente...
-Se caía el contrato...
-Y se volvía a levantar, y no lo cumplían y botaban a dos, entonces le aumentaban diez bolívares a uno, pero botaban a tres... En Ultimas Noticias siempre hubo problemas... la gente no colaboraba, los de adentro...
-Y contrato desde afuera no se logra...
-En cambio nosotros no; nosotros estábamos en La Esfera y entonces, ¿qué pasa?. Vamos a discutir el contrato, hay que hacer una representación de trabajadores, trae acá, de primerito, ponme ahí, Rafael Calderón, pero desde luego ya la delegación va, tiene un apoyo institucional. Eso nunca se pudo conseguir en Ultimas Noticias. Siempre teníamos algún compañero...
-Pero, Arístides refiere que hubo un grupito de Ultimas Noticias que se empeño mucho por el Sindicato...
-Por eso te digo –expresó RC-, dos o tres y Arístides mismo que estaba allí. Dos o tres compañeros que estaban con nosotros en la onda sindicalista, pero no era el grupo mayoritario. Siempre había problemas... Tú observas que en la Directiva no hay ninguno de Ultimas Noticias, porque ellos siempre fueron remisos a eso.
Otra muestra del tipo de contratos de la época, es el primero firmado con El Nacional, el 26 de septiembre de 1946 (28), que apenas tuvo dos folios, 8 cláusulas y duración de seis meses, con la siguiente tabla de sueldos por cargos:

Jefe de Información...................1200
Secretario de Redacción.............1200
Primer Redactor........................1000
Redactor Página Económica.......1000
Redactor Página de Provincia......350
Redactor Página Sociales............900
Jefe Página Deportiva.................750
Redactor Deportivo.....................500
Jefe Sección de Cables................100
Reporteros.................................600
Archivero...................................800
Fotógrafo Jefe...........................800
Fotógrafo Primer Ayudante.........450
Fotógrafo Segundo Ayudante......250

Esas asignaciones estaban estipuladas como “sueldos mínimos” en la cláusula primera.
La segunda establecía una remuneración de Bs. 30 por guardia en sustitución del Jefe de Cables, lo que ciertamente estaba por debajo de los 33,33 bolívares que promediaba el día en base al sueldo mensual de un mil bolívares. Seguramente, lo que venía pagando era muy inferior.
La cláusula tercera fijaba diez bolívares adicionales por trabajar los domingos y días feriados.
La cuarta, muy importante, establecía la continuidad del sueldo mínimo para los cargos en casos de cambio de personal.
La quinta estipulaba que la empresa, preferiblemente, solicitaría del SNP, “los redactores, reporteros, fotógrafos y correctores de pruebas que necesite”.
La sexta legalizaba el Comité de Empresa como organismo representativo de los trabajadores y del Sindicato.
La séptima pauta un aumento de Bs. 0,15 por hora a los correctores de prueba.
La octava establece la duración del contrato por seis meses y su prórroga por seis meses más, en caso de que no haya deseo de modificación en los 30 días antes del vencimiento.
Eso eran los contratos de la época. Posiblemente la realidad no permitía más, tanto por las condiciones sociales y económicas como por la inexperiencia y el desconocimiento de quienes recién se graduaban de sindicalistas:
“Bandazos aquí, bandazos allá, lo cierto fue que la idea no se perdió, la semilla germinó bien, el árbol creció, se desarrolló y ahí lo tenemos vivito y coleando”, afirmó Rafael Calderón al recordar los primeros pasos.

SINDICATO NACIONAL
DE TRABAJADORES DE LA PRENSA

En su génesis el Sindicato Nacional de Periodistas tuvo contradicciones ideológicas sobre su naturaleza.
En un primer momento contó con la oposición de algunos dirigentes de la Asociación Venezolana de Periodistas, organización gremial de tipo profesional con radio de acción en la esfera político-gremial, ética y cultural, sin diferencia de clases ni enfrentamiento a los patronos, ya que su lucha en pro de la libertad de expresión y de información era en realidad un objetivo común y estaba dirigida fundamentalmente contra el gobierno y algunos instrumentos legales del Estado. Además, trataba de dar forma, espíritu y entidad a un oficio que apenas comenzaba a vivir una vertiginosa etapa de desarrollo nacional.
Desestimada esa oposición y puesta en marcha la fundación del SNP, en sus asambleas se enfrentaron los criterios de constituir un sindicato profesional, o por el contrario, uno de mayor base laboral con militantes de distintas profesiones y oficios en áreas desde la corrección de pruebas hasta la administración de las empresas periodísticas. Como se ha referido, se impuso la primera tesis. La mayoría de los fundadores, en la sede de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, decidieron constituir un “Sindicato Nacional de Periodistas”, en cuyo seno sólo se aceptarían redactores, reporteros, colaboradores fijos remunerados y fotógrafos.
Pero la realidad conspiró contra esa orientación inicial, dando posteriormente la razón al colega y profesor Raúl Agudo Freytes, quien sostuvo desde el comienzo la tesis de estructurar un “Sindicato Único de Trabajadores de la Prensa”. Los primeros contratos colectivos, firmados en 1946, ya incluían a trabajadores que no eran periodistas, como correctores de pruebas y gente de administración.
Esto impuso el cambio de nombre del Sindicato Nacional de Periodistas por el de “SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE PRENSA”, que con el tiempo y por exigencias puramente expresivas cambió a “SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA PRENSA”.
Según referencias de Rafael Calderón, la decisión la tomó la Junta Directiva en su sesión del 6 de febrero de 1947, once meses después de la fundación. La participación se le formula al Director del Trabajo, Aníbal Dao, y se introduce en la Inspectoría del Distrito Federal el 20 de febrero.
-Nosotros lo cambiamos –afirmó RC- ...yo no quise, si te soy sincero a estas alturas, pues yo en aquel momento... eso lo propuso Raúl Agudo (Freytes) y los compañeros de El Nacional. Ellos hablaron de que era bueno que el Sindicato tuviera una proyección más amplia, incorporando a un personal del periódico... Entonces yo les decía que no, que nos quedáramos con el Sindicato más profesionalizado, un instrumento de los periodistas para poder plantear problemas específicos del gremio periodístico. Entonces hubo debates: que no, que los de la administración también tienen problemas. Yo les decía, pero chico, es que son distintos, ellos están afiliados a la Asociación Nacional de Empleados y vamos a formar una amalgama. No, pero es que así debe ser... Bueno, como no teníamos... era conciliatorio todo; como tampoco era malo, entonces yo les dije bueno chico, vamos a hacerlo. Yo recuerdo que mandé a hacer otro dibujo (del logotipo del Sindicato) que decía “SNP”, con un dibujante, para los clisecitos para los periódicos, los membretes, etc. Entonces se llamó Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.
Ese cambio de nombre, como es lógico, fue expresión de una concepción más amplia y clasista sobre el Sindicato y la labor sindical en general, y esa evolución debió ser recogida en los Estatutos, registrándose la primera reforma de éstos también en febrero de 1947.
No obstante, todavía en la década de los ochenta, hay gente que quisiera volver a la concepción elitista y aislacionista que significó la pretensión de no aceptar sino “periodistas” y “fotógrafos”.

SINDICALISMO Y POLÍTICA

Muy particularmente, el gremio de la prensa ha estado estrechamente ligado a la suerte política nacional. Aunque a muchos no les gusta “meterse en política”, la política sí “se mete” con ellos. Ciertamente es ya una perogrullada, pero no es inconveniente repetirlo en este trabajo.
Muchos compañeros aspiran sinceramente a que el Sindicato sea una “agencia de reclamos” o especie de “seguro laboral” al que se “paga” una cuota del 12 % del sueldo básico mensual (los que regularmente cotizan); para ser defendido ante los patronos en caso de conflictos personales o generales. Esa visión economicista del sindicato está determinada por la concepción socialdemócrata del sindicalismo; cuya mayor expresión vernácula es la Confederación de Trabajadores de Venezuela, con el agravante de que la fuerza mayoritaria de esa central laboral la coloca al servicio de los intereses del partido Acción Democrática, bien siendo gobierno, bien siendo oposición. Históricamente es fácil apreciar una CTV quietista, gobiernera, colaboracionista con el capital; o una CTV altisonante, peleadora y “de avanzada” según sea gobierno u oposición. Otro tanto pasa con CODESA, central laboral ligada a la democracia cristiana. Y no menos sucede con la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV) en relación a la política del Partido Comunista de Venezuela.
En torno a las tres centrales obreras más importantes del país, se aprecia la influencia directa de las organizaciones partidistas. Muchas veces sus decisiones deben pasar por la mesa de un Comité Ejecutivo Nacional (CEN), una Dirección Política Nacional o un Comité Central partidista, antes de llegar al seno de los trabajadores. Ciertamente es una injerencia partidista hipertrofiada, criticable, muy determinante y, en alto grado, responsable en cuanto a la calidad y evolución del movimiento obrero venezolano. Exponer estos males no significa necesariamente estar de acuerdo con el “apoliticismo” o el antipartidismo nihilista que impregna a ciertos sectores en el país y en el gremio. Es perfectamente justo condenar por igual al economicismo, al quietismo, al “apoliticismo” y al antipartidismo en el seno de los trabajadores, al tiempo que se denuncia la manifiesta hipertrofia de la injerencia partidista. Uno no niego lo otro. Es decir, poco se lograría colocándose en uno de los dos extremos, sobre todo, porque pareciera que éstos de alguna manera estuviesen conectados: no hay partido que tenga mayor responsabilidad e la pérdida de la combatividad laboral, en el quietismo de nuestros sindicatos y el colaboracionismo obrero-patronal, que Acción Democrática, “el partido del pueblo”; al mismo tiempo, no hay partido que influya más en una central obrera que Acción Democrática.
El gremio de la prensa no escapa a la influencia de los partidos. El SNTP no está “incontaminado”. Sin embargo, cuando pensamos en el capítulo “SINDICATO Y POLÍTICA”, no privó la preocupación del “partidismo”, sino la que gira en torno a la política como fenómeno social de indiscutible e insuperable importancia, en tanto que determinante del acontecer general de una nación. Así vemos cómo los intereses políticos generales del pueblo venezolano, claramente coinciden con los intereses primordiales del gremio en estadios muy particulares vividos en Venezuela. Particularmente, cuando se trata de defender los derechos políticos, que en primera línea comprenden la libertad de expresión, la libertad de pensamiento, la libertad de información, la libertad de asociación, etc. Rico ha sido el aporte de los trabajadores de la prensa, y particularmente de los periodistas, a las luchas por el avance social, político y cultural. Ello se ha evidenciado en la lucha antigomecista, en el inmediato periodo de apertura democrática, en la acción antiperezjimenista y en la etapa de “lucha armada” a partir del atropello gubernamental a los derechos políticos constitucionales.
Los testimonios y referencias indican que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa despliega normalmente su actividad en defensa de los derechos de los trabajadores desde su nacimiento hasta el derrocamiento del Presidente Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948.
Un día antes, el gobierno en su afán de impedir el golpe militar, suspendió las garantías constitucionales y emitió un decreto de censura a la prensa, precisamente para evitar la discusión pública del clima pregolpista que se vivía en el país, algo así como querer quitarse un problema de encima simplemente cerrando los ojos.
-El Sindicato de la Prensa –cuenta Arístides Bastidas– actúa con otros sindicatos afiliados a la CTV, que estaban de acuerdo con el respaldo al régimen constitucional de Rómulo Gallegos, porque realmente se lograron algunos progresos durante esa época y era, en fin, un gobierno venido de la voluntad popular. Pero el 23 de noviembre, el mismo gobierno de Rómulo Gallegos amordazó a los periodistas, el 23 de noviembre de 1948. Ese día Eligio Anzola Anzola, que era Ministro de Relaciones Interiores, creó la censura para impedir que la prensa denunciara la conspiración que estaban desarrollando los militares contra Acción Democrática, militares que fueron los mismos que acompañaron a AD a tumbar al Presidente Medina: Pérez Jiménez, Delgado Chalbaud, Llovera Páez, etc. Esos mismos militares, que en connivencia con AD, tumbaron al Presidente Medina, tumbaron después, en connivencia con las fuerzas más reaccionarias, a Acción Democrática. Y entonces -retoma la idea Bastidas–, el 23 de noviembre, los adecos, en vez de ampliar, de estimular la libertad de prensa, crearon una censura. Y esa censura, decían los perezjeministas después del 24 de noviembre, cuando fue el golpe, a mediodía, que ellos no habían impuesto ninguna censura porque la habían encontrado establecida. Ellos (los golpistas) llegaron y nos impusieron a nosotros la censura que había impuesto el Ministro de Relaciones Interiores de Acción Democrática, Eligio Anzola Anzola.
-¿Reacciona el Sindicato de la Prensa, mancomunadamente con la AVP, ante ésta represión?
-Se hizo un movimiento –responde AB– porque los adecos, que pretendían tener una organización de masas y una organización perfecta, carecían de ello. Porque si la hubieran tenido, controlando como controlaban la Confederación de Trabajadores, hubieran llamado a la huelga y se hubiera cumplido una información que yo publiqué en Ultimas Noticias, el 23 de noviembre, diciendo que 300 mil obreros respaldaban al régimen constitucional de Gallegos. Ni una sola persona se paró y los periodistas no íbamos a iniciar el paro, cuando había mucho adeco periodista que no tenía instrucciones de su partido al respecto.

UNOS MESES EN LA MODELO

Claudio Cedeño llega a la Secretaría General del SNTP, para el período 49-51, por elecciones realizadas el 28 de abril de 1949 (12). Su suplente fue Sergio Antillano. Por primera vez llegó también a la Junta Directiva Arístides Bastidas, quien fue designado suplente de Julio Chavarri en la secretaría de Trabajo y Reclamos. Subrayamos estos tres nombres, porque identifican a las primeras tres personas que van a la cárcel por su condición de dirigentes sindicales de la prensa y a la vez luchadores políticos por las libertades populares en su medio.
Bernardo Dolande, ese líder fundador a quien todos recuerdan con cariño y admiración por su abnegado trabajo sindical, entrego la Secretaría General a Claudio Cedeño, por imperativo de la Junta Militar de Gobierno, que por resolución del Ministerio del Trabajo, del 9 de marzo de 1949, ordenó la renovación de las Juntas Directivas de todos los sindicatos del país. Una de las condiciones básicas de esa “renovación” fue la prohibición de que cualquier directivo fuese reelecto, con el deliberado propósito de quebrar el movimiento sindical controlado por partidos ilegalizados que hacían oposición a los militares gobernantes. Ya señalamos que la elección fue el 28-04-49. Veamos el cambio operado:

CARGO SALIENTE ENTRANTE
Sec. General
Suplente BERNARDO DOLANDE
LUIS EVARISTO RAMIREZ CLAUDIO CEDEÑO
SERGIO ANTILLANO
Sec. Reclamos
Suplente CARLOS GONZÁLEZ TRUJILLO
ANDRES MIRANDA JULIO CHAVARRI
ARÍSTIDES BASTIDAS
Sec. Finanzas
Suplente OSCAR ESCALONA OLIVER
CARLOS BALDA LOURDES GÓMEZ
OSCAR PULGAR
Sec. Organización
Suplente ISMAEL MATOS MERIDA
PEDRO RAFAEL GILLY FRANKLIN E. WHITE
JUAN MOLINA
Sec. Cultura
Suplente PEDRO HERNÁNDEZ CAMACHO
EDUVIGIS TENORIO CANDELARIO RIVERO
JOSE OLIVEIRA
Sec. Actas
Suplente CARLOS PEROZO DELIMA
FRANCISCO APONTE SIMON A. CONSALVI
LUCILA VELAZQUEZ

Claudio Cedeño sería reelecto para el período 51-53. Dirigió el SNTP en la etapa inicial de la dictadura, salvo los meses que van desde el golpe contra Gallegos hasta abril de 1949. A él le preguntamos qué impacto tuvo en el Sindicato ese derrocamiento:
-Bueno... ningún cambio, es decir, no se toman medidas. El Sindicato subsiste, se mantiene. La línea muestra era la de mantener al Sindicato como una institución de los trabajadores, al servicio de los trabajadores; en eso no había problema -revela CC-. La Dictadura empieza a enfrentar al Sindicato inmediatamente que asume el poder. La primera... nosotros estuvimos presos antes del año 50 y el gremio tuvo una actitud beligerante frente a la dictadura y eso se mantuvo desde el primer momento. Entonces se produjeron algunos hechos como el establecimiento de la Juntas de Censura, el Sindicato se tenía que enfrentar a eso, no podían permitir eso.
En ese momento histórico, en torno al cual el orden cronológico se altera sucesivamente en la mente de los protagonistas, cayeron presos tres trabajadores de El Nacional, por oponerse al despido de cuatro compañeros por presiones de la Seguridad Nacional, según la empresa. Los despedidos fueron Sergio Antillano, Pedro Beroes, Héctor Stredell y Luis Esteban Rey, los dos primeros del Partido Comunista y el tercero y el cuarto de Acción Democrática.
-La agresión contra el Sindicato se produjo en el año 1950 -cuenta Cedeño– porque se quería sacar de El Nacional a cuatro periodistas: Sergio Antillano, Pedro Beroes, Héctor Stredell y Luis Esteban Rey. Eran dos comunistas y dos adecos. Alejandro Otero, que era en ese tiempo el administrador de El Nacional, hermano de Miguel Otero Silva, utilizó la Seguridad Nacional para sacar a esos tipos del periódico. Es decir, él le pidió a... eso no lo reconocen ni siquiera los adecos, ni ninguno de ellos, los que vieron la comunicación, porque ellos vieron la comunicación que le pidió Alejandro Otero a la Seguridad Nacional, a su amigo Jorge Maldonado Parilli. El (A. Otero) le pidió una comunicación dándole la orden de que esos señores no podían estar más allí, en el periódico. Ahora, yo tengo informaciones precisas de que a Héctor Stredell lo querían sacar porque era un trabajador que no rendía dentro del periódico; la empresa no estaba satisfecha con su trabajo, y una personalidad de la empresa, para sobornarme, me dijo a mí, que era Secretario General, que el Sindicato no debía defender a Héctor Stredell. Con esos antecedentes, entonces se produce este despido: sacaron a los cuatros trabajadores de allá.
-¿A los trabajadores los sacó la Seguridad Nacional?
-No los sacó la Seguridad Nacional, sino que ellos le enviaron una carta al periódico diciéndole que la Seguridad Nacional veía con buenos ojos que fueran retirados estos cuatro elementos del periódico. Esa carta se la mostró la empresa, es decir Alejandro Otero, a Luis Esteban Rey; y Luis Esteban Rey dio esas declaraciones en la Inspectoría del Trabajo, cuando lo llevamos nosotros. Como evidentemente se trataba de un hecho de intromisión de la policía en las relaciones de trabajo, es una cosa que competía defenderla al Sindicato. Entonces nosotros salimos en defensa de ellos.
-¿No recuerda cuando fue eso?
-Eso tiene que haber sido entre junio y julio de 1950, porque nosotros caímos presos inmediatamente de hacer esa gestión. Yo caí preso el 16 de julio por eso. Y aprovecharon de sacarme de El Nacional, desde esa época, precisamente por eso. Porque Alejandro Otero estaba buscando la manera de sacarme a mí del periódico. Como yo trabajaba allá, aprovechó la oportunidad y me sacaron de allí.
Sobre el carcelazo en sí, Claudio Cedeño puntualizó:
-Agarraron a Sergio (Antillano), me agarraron a mi, agarraron a (Arístides) Bastidas, que éramos los que estábamos metidos al frente de la cosa, y nos llevaron a la policía, a la Cárcel Modelo (de Caracas). Pero nosotros logramos antes, hacer que Luis Esteban Rey fuera y declarara en la Inspectoría que él había visto la carta. Declaró eso. En actas de la Inspectoría del Trabajo figura eso, que él había visto la carta que le pasó la Seguridad Nacional a la empresa. El abogado (de la empresa) que era Jesús Arocha Moreno en ese momento, se desesperó todo con Luis Esteban Rey, y le dijo pero chico, como vas a decir tú eso, no te conviene!
-Entonces pasó eso... y logramos eso; pero inmediatamente la policía nos fue a buscar. Nosotros, mientras tanto, estábamos haciendo gestiones para, junto con la Federación Gráfica, producir un documento donde protestáramos, pues, por esas cosas. En eso nos agarraron presos...
-¿Bajo qué acusación?
-Bueno... eso de que... vaina! La Seguridad Nacional que no admitía ninguna de esas cosas, nos agarró presos, y ya está!. A mi me dijeron que el documento, imagínate tú, nosotros no llegamos ni siquiera a tener un borrador hecho, que ese documento estaba concebido en términos muy duros contra la Junta. Y bueno... esa fue la acusación que nos hicieron, pero según pues, por lo que se ve, hubo un sapeo ahí porque nosotros no llegamos a producir ningún documento...
-Sí. Es que yo les dije: ¿qué razón hay para que me detengan a mi? Yo no soy ninguna persona... no estoy comprometido, soy Secretario General del Sindicato. “Pero es que ese documento no lo podíamos tolerar nosotros” me dijeron... Yo no sé de qué documento están hablando ustedes, yo no tengo ningún documento... Total que a Antillano fue al primero que agarraron y nos buscaron a todos los de la Directiva del Sindicato.
-¿Cayeron todos, el mismo día?
-No. A mí me agarraron posteriormente. Ya Antillano tenía una semana preso cuando yo caí. A Bastidas sí lo localizaron rápidamente y lo llevaron preso. Allá, después, me metieron inexplicablemente en un calabozo, al poco tiempo. Resulta que yo trabajaba en El Nacional, hacía unas caricaturas, había mandado unas caricaturas desde la cárcel, que yo llevaba encima, y cuando en El Nacional se dieron cuenta que yo había enviado las caricaturas inmediatamente hablaron, habló Alejandro Otero con Maldonado Parilli y le dijo: chico, pero cómo es posible, yo lo que quiero es que este tipo deje de mandar al periódico para decir que abandonó el trabajo. Entonces procedieron de esa manera. A mí me quitaron cuanto lápiz tenía encima, papeles, todo, y me dejaron sin nada. Usted no puede escribir ni hacer nada desde aquí, me dijo el alcalde, que era Poveda. Bueno, entonces yo le dije que por qué razón, no me explico, yo no estoy haciendo ninguna cosa que perjudique...
-¿Eso era ya en la Modelo?
-Sí
-¿Y estaba junto con Arístides y Antillano?
-Sí. Total que nosotros caímos. Pasamos allí unos dos o tres meses. Yo salí primero, no se por qué razón, qué alegato hubo... O mejor, a Bastidas lo sacaron primero, después salí yo y Antillano fue el último. Antillano firmó y le dieron su plata y lo retiraron. Porque eso era lo que querían ellos, el objetivo que era sacarnos del periódico, se cumplió. Entonces, ese fue el enfrentamiento que tuvimos nosotros.
-¿A quien más detuvieron?
-A nosotros tres nada más. Antillano que era mi suplente; además de involucrado en el caso del periódico, era suplente del Secretario General. Y estuvieron buscando a Chavarri que también era miembro de la Directiva del Sindicato, pero más nada... y a Bastidas que también era miembro de la Directiva.
Arístides Bastidas confirma la exposición de Claudio, y con mucha chispa agrega elementos descriptivos de valor:
-Yo era suplente de Trabajo y Reclamos, entonces la Seguridad Nacional le ordenó a El Nacional que botara por subversivos, a Pedro Beroes, a Sergio Antillano a Luis Esteban Rey y al “negro” Stredell. Entonces, El Nacional cogió esa orden que le dio la Seguridad Nacional en el año cincuenta, y la depositó en la bóveda de un banco... y por supuesto, estos cuatro quedaron separados de sus cargos, El Nacional les pagó muy bien sus prestaciones sociales y les reconoció todo, pero fueron separados de El Nacional. Claudio Cedeño y Julio Chavarri fueron a plantear, con el respaldo mío, en la Inspectoría del Trabajo que la Seguridad Nacional estaba interviniendo en el Derecho al Trabajo pautado por la Constitución Nacional. Por supuesto que mandaron a hacer preso a Claudio, mandaron a hacer preso a Chavarri y no lo consiguieron. Pero me mandaron a buscar a mí y me consiguieron. Nos llevaron presos a Sergio Antillano, a Claudio Cedeño y a mí. Cuando yo llego, como a las cinco de la mañana que me llevaron, a la Seguridad Nacional que quedaba, creo, de Reducto a Glorieta, me encontré con que ya estaba preso Sergio, y de allí nos llevaron directo a “La Modelo”.
-¿Unos días después llegó Claudio?
-Sí, porque Claudio andaba con un sombrerito, y como él se disfrazaba muy bien con el sombrerito, porque como era calvo al ponerse un sombrero se le cambiaba la calva; y como tenía un bigotico, se quitó el bigotico... y nada...! preso e’bola!
-¿Con sombrerito y todo...?
-Con sombrerito y todo... no joda! Claudio era caricaturista de El Nacional. El Nacional tenía instrucciones... (Jorge Maldonado) Parilli, que era de la Seguridad Nacional, había hablado con El Nacional para que Arístides... (me tenía cariño porque me había metido tres veces preso, ¿no?)... y que era mejor que me sacaran de Caracas porque en Caracas yo no iba a estar tranquilo ni ellos me iban a dejar tranquilo. Entonces yo me fui para Barquisimeto. Me mandaron para Barquisimeto y fundé la corresponsalía allá y no supe más nada del Sindicato.
UN CONGRESO Y UNA HUELGA

La lucha contra la dictadura continuaría en dos frentes: el SNTP con énfasis en la defensa directa de los trabajadores, y la AVP desde el punto de vista político-gremial, ambos en estrecha relación con los objetivos políticos y estratégicos de las fuerzas antidictatoriales. En esa línea de acción, en 1952 ocurren dos hechos destacados de enfrentamiento a los dictadores: el Congreso Extraordinario de la AVP en julio, y la Huelga de Prensa de diciembre, que fracasó por falta de respaldo político al movimiento contra la farsa electoral de la constituyente del 2-12-52.
Sobre esta dualidad AVP-SNTP o SNTP-AVP, según el caso, es importante conocer la versión de Claudio Cedeño, quien para la época era responsable del Partido Comunista en el gremio de la prensa, tanto a nivel del Sindicato como de la Asociación de Periodistas. Entonces, se estableció por parte del PCV, una táctica que consistió en no involucrar al SNTP en “acciones de lucha abierta contra la dictadura”, con el propósito de preservarlo, “cuidar al Sindicato” como ente defensor de los trabajadores.
-Se pensó –relata CC– hacer a través de la AVP las acciones políticas correspondientes, que le competían lógicamente como un organismo que estaba para eso, era lo único que podía hacer y que tenía un sentido más amplio, no era simplemente una lucha gremialista. A partir de eso, la AVP se conectó con las seccionales del interior y se comenzó por hacer una reunión, una convocatoria de Juntas Directivas de la Asociación Venezolana de Periodistas en Caracas. En esa oportunidad vinieron Manuel Isidro (Molina Gavidia) por Trujillo, acompañado por Adriano González León y una muchacha Mary Hernández; Arístides Bastidas vino por Lara, en esa época era corresponsal de El Nacional en Barquisimeto... El Secretario General de la AVP era Luis Felipe Bellorín, de La Religión. Lo habíamos llevado nosotros (los comunistas) por táctica, conjuntamente con Acción Democrática, a la AVP. El estaba allí y quiso convertir el Congreso Extraordinario de la AVP en un movimiento pro Pérez Jiménez, gobiernista, pues.
-¿Ustedes lo habían elegido por Táctica?
-Sí, por táctica frente al gobierno, para que funcionara, para que siguiera funcionando la AVP; para hacer posible que funcionara la AVP. El Sindicato se mantenía en una línea de defensa de los intereses de los miembros y no podíamos meterle un riesgo de hacerlo perder esas características.
-Pero eso era públicamente... ¿internamente el Sindicato hacia funcionar su correaje dentro de los periódicos para la resistencia, enfrentando a la dictadura?
-Claro! Ahí, procedía todo el mundo... imagínate, como tenía que ser! Yo, por ejemplo, era el hombre de la fracción del partido, el responsable de la fracción, era el encargado de dirigir el trabajo tanto en el Sindicato como en la AVP. Entonces a ese Congreso vino también Fabricio Ojeda por primera vez, fue delegado, vino de Maturín. Vino (Rodolfo) Argüello (de Maracaibo) también. Gente muy distinguida, muy revolucionaria, en manos nuestras estaba todo. Nosotros logramos imprimirle un vuelco.
Eleazar Díaz Rangel refiere que “en julio de 1952 fue organizado un Congreso Extraordinario de Delegados de Seccionales de la AVP. Atravesaba la prensa venezolana una de las etapas más oscuras de su historia. No existía libertad de expresión de pensamiento. A menudo, los periodistas eran detenidos. Funcionaba un severo régimen de censura. No había prensa de oposición. En tales condiciones, la directiva de la AVP, presidida por Luis F. Bellorín, convoca al Congreso y confecciona un temario donde no aparecía por ningún lado el problema más importante de la AVP en esos años: la falta de libertad de prensa. Se discutiría una reforma de Estatutos, un proyecto de ley de Colegiación, la creación del carnet nacional, el funcionamiento de las oficinas de prensa gubernamentales, se fijaría fecha para la II Convención, etc. Había un tácito o expreso compromiso de un grupo de directivos avepistas con el gobierno a fin de no tratar cuestiones que no tuvieran relación con reivindicaciones puramente gremialistas.” (7:25).
El Congreso se inaugura el 25 de julio en el auditorio del Liceo Fermín Toro, con delegados de diez Estados. El temario original fue modificado durante las deliberaciones y entre otros, Fabricio Ojeda planteó discutir el tema de la libertad de expresión, formular exigencias al gobierno en esa materia y especialmente en cuanto a la censura de prensa. El enfrentamiento entre antidictatorialistas y los pro-gobierneros impidió el desarrollo del evento que fue abruptamente interrumpido, “corrió el rumor de que la Seguridad Nacional asaltaría el local, y el Congreso de disolvió”. (7:26)
-Bellorín trató de buscar prestigio con eso y no se le permitió -contó Claudio Cedeño-. Hubo un enfrentamiento de todo el mundo contra él, él trataba de hacerse una personalidad importante en el gremio de la prensa, ya a través de la AVP no le fue posible obtener eso. Desde ahí comenzaron las luchas contra la dictadura, con una participación tanto de los periodistas de la AVP como de los miembros del Sindicato, pero el Sindicato no aparecía porque era una institución que tenia prohibido por la ley mezclarse en política; cualquier imprudencia era el camino más seguro de que lo cerrara la dictadura.
Si bien el congreso avepista no pudo culminar con las exigencias mayoritarias de libertad de expresión y cese a la represión de los periodistas, tampoco pudo ser tribuna amañada de apoyo a la dictadura que, hasta 1958, tuvo la norma de censura de prensa y persecución a muerte de los opositores, quienes vivían en el triangulo cárcel-clandestinidad-exilio.
Nombrar algunos de los periodistas que por su oficio y actividad política estuvieron en las cárceles perezjimenistas es tarea difícil por su número. También, por lo injusto que resultaría una lista incompleta, que bien puede ser confeccionada y enriquecida con testimonios en una investigación especifica.
En el último trimestre de 1952, el país vive la frustrante experiencia de la convocatoria oficial a elecciones para una Asamblea Constituyente y el fraude que desconoció la victoria popular. El 30 de noviembre se realizan las elecciones y con la participación de planchas del gobierno, el Partido Socialcristiano COPEI y Unión Republicana Democrática (URD), este último partido obtiene la mayoría de votos, pero inmediatamente el resultado es desconocido por el régimen de Marcos Pérez Jiménez, a quien algunos periodistas llaman ahora “presidente” y no dictador. Este hecho histórico ha concentrado duras y largas polémicas políticas en la vida nacional por varias razones: de una parte, la dirigencia de Unión Republicana Democrática se atribuye (sin base, en nuestro criterio) la paternidad absoluta del triunfo popular y lo cuantifica como crecimiento acelerado de esa organización partidista; de otra, el Partido Comunista de Venezuela y Acción Democrática, las organizaciones fundamentales de la oposición a Pérez Jiménez, exponen el criterio de que la votación mayoritaria de URD se debió (y es más lógico) a una estrategia de oposición global a la dictadura a través de las tarjetas urredistas, de la cual participó la dirigencia interna de AD en oposición a los lineamientos de los jefes exilados. Una tercera cuestión es la actitud de la dirigencia urredista luego del triunfo en las urnas, la cual es criticada por falta de consecuencia y coraje para encabezar la protesta popular contra el régimen.
En torno a este fraude, típico elemento con pretensiones legalistas de las dictaduras “tropicales” y también de las sureñas en nuestra América Latina, se generó un clima popular adverso de indignación por la farsa, y los periodistas participaron de esa ola que nunca llegó a tener cresta, con una huelga de prensa abortada por la dictadura y desarticulada por los organizadores al carecer del necesario apoyo político.
Claudio Cedeño continuaba al frente del SNTP, habiendo sido reelecto en la Secretaría General para el periodo 51-53 en asamblea del 17 de julio de 1951. Ese año, se funda la Federación de Trabajadores de la Industria Gráfica (FETIG), con participación del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. El objetivo era agrupar al mayor número de sindicatos y trabajadores en torno a una política común de enfrentamiento a la dictadura. Contando la labor de los sindicalistas en aquella época, Claudio recordó:
-Después seguimos...nosotros hicimos un trabajo que precisamente es el trabajo que va a culminar con éxito la huelga del 21 de enero (de 1958). Porque, nosotros constituimos entonces la Federación de Trabajadores de la Industria Grafica, controlada por los adecos, los gráficos, la FETIG, algunos independientes...
-¿El sindicato de la Prensa propone crear la Federación o participa?
-No. Participamos... Buscamos la unidad, que era un camino para la lucha que se nos avecinaba ¿no?, la lucha política. Nos metimos ahí, y esa es la posibilidad de que nosotros hagamos acciones conjuntas en el año 52, que declararemos una huelga y entonces cuando comienza a desarrollar la huelga de la prensa, Pérez Jiménez llamó a (José) Gil Gutiérrez (presidente de la FETIG, militante de AD) y lo convenció de que no debían oponerse a ellos...
-¿Eso fue el dos de diciembre del 52?
-Dos de diciembre del 52...
-¿Se dio efectivamente?
-La huelga se hizo. Hubo un día que se paralizaron los periódicos, pero...
-¿Eso era abiertamente político, contra el fraude?
-Claro, política, política. Estaba de acuerdo la gente, ya había decidido eso. Los que no estaban de acuerdo eran los empresarios. Y se hizo posible romper la huelga de los periódicos porque se la facilitó (a la Seguridad Nacional) por parte de las empresas, las direcciones de los tipos claves de los periódicos, de los que tenían control y podían entorpecer el trabajo y los fueron a buscar y los pusieron a trabajar bajo vigilancia de la Seguridad Nacional. Eso se hizo al día siguiente de la huelga. Fue una cosa que no ocurrió el 21 de enero (de 1958) porque en esa época como estaban coincidiendo los intereses de los empresarios con los del Sindicato, pues, entonces, ellos estimularon, no dieron nombres ni nada sino que cerraron las empresas, tuvieron una actitud completamente contraria a la que tuvieron en el 52.
Arístides Bastidas, quien regresa a fines del 52 a Caracas (1), a trabajar como corresponsal en La Guaira, de donde salió directo a la capital porque “cierto tipo me denunció y tuve que salir corriendo pa’ca, un periodista me denunció a la Seguridad Nacional y tuve que venirme para Caracas”.
-¿Cómo es la etapa del Sindicato –preguntamos a Arístides– durante la dictadura de Pérez Jiménez? Claudio Cedeño da la referencia de haber participado en la Huelga de la Prensa del 2 de diciembre de 1952. Cuando aquella famosa elección para la Constituyente, donde toda la oposición votó por la plancha URD...
-Exacto, sí. La oposición votó por URD y votó también por la de COPEI.
-Eran las dos alternativas, pero la que más capitalizó fue la de URD...
-A pesar de que los adecos del exterior habían dado instrucciones de que no se interviniera en esas elecciones. Las fuerzas que estaban aquí, sin embargo, accedieron a ir a las elecciones y el gobierno fue derrotado. En vista del desconocimiento y de la burla electoral por parte del gobierno, los sindicatos de los periódicos, tanto gráficos como linotipistas y periodistas, fueron a la huelga, y durante tres días no salieron periódicos. Claudio Cedeño era el que capitaneaba el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.
-Pero él cuenta que José Gil Gutiérrez, que era el presidente de la Federación Gráfica, adeco, betancourista, se echó pa’tras y que entonces esa huelga no dio el resultado esperado...
-A mí me parece –expone Arístides– que la huelga no dio el resultado esperado (porque la huelga se realizó, duró tres días), no por la posición de éste (Gil Gutiérrez). Yo creo que la huelga fracasó porque el partido que tenía las riendas de la oposición, que era URD, y los líderes de URD, fueron incompetentes para manejar el triunfo y para luchar a fin de que éste fuera respetado. Esta gente, en vez de hacer un llamado a las masas, tú conoces, sin tomar en cuenta a la masa que le había dado el triunfo, fueron a negociar con Vallenilla Lanz, y Vallenilla Lanz los mandó presos de allí mismo y los mandó al exterior de una vez. Si la huelga de prensa hubiese sido secundada por los otros sectores de obreros y de empleados, institucionales, debido a que el movimiento de oposición a Pérez Jiménez hubiera tenido una cabeza visible e inteligente y consecuente con los intereses del pueblo, las cosas hubieran sido distintas. No te digo que hubiese logrado aplastar la dictadura, pero sí que hubiera habido combates de mucha significación y esa huelga no se hubiera quedado en el vacío como quedó.
-¿Cuál fue la respuesta del gobierno después de la huelga del 52?, preguntamos a Claudio Cedeño.
-No hubo... mediante la presión. Imagínate tú que a este tipo (Gil Gutiérrez), lo llaman y se va hablar con Pérez Jiménez, imagínate tú: Jefe de los Gráficos, vino hablando maravillas de Pérez Jiménez, que hombre tan interesante ese carajo, tan vivo, tan dispuesto... No se sabe a qué acuerdo llegaron. Lo cierto es que la huelga fracasó... llevaron a los trabajadores a punta de revolver a trabajar y no hubo problemas (!).
De todas formas, el esfuerzo no se perdió completamente. Este esfuerzo inicial de 1952 contribuyó a establecer los contactos con otras organizaciones sindicales y así seguir durante años estrechando amistad y esfuerzos antidictatoriales, para culminar en la alborada del 23 de enero de 1958, que tuvo importante soporte en la Huelga de Prensa del 21.
-Nuestro trabajo sirvió de enlace –reveló Claudio– para que otras fuerzas sindicales también, como eran los grupos de sindicatos que estaban en Dos Pilitas, en La Pastora, esos grupos participaran en las conversaciones para la huelga del 21 de enero.
El historiador José Salcedo Bastardo asigna crucial importancia al año 1952 y revela cómo a partir del “descalabro electoral del 30 de noviembre” el régimen militar “desemboca descaradamente –dos días después– en el gobierno unipersonal del General Marcos Pérez Jiménez que caerá el 23 de enero de 1958.” (25:35). Considera que el período más duro fue precisamente el 52-57, cuando convergen todos los rasgos negativos dictatoriales que oprimían al pueblo venezolano.
“En todo tiempo fue característica de la tiranía no tolerar críticas, ni admitir discrepancias, así fueran leves –afirma J. L. Salcedo Bastardo-. La prensa es siempre el blanco predilecto de la represión, y la censura resulta indispensable para regimentar las conciencias que se pretende subyugar. Una Junta ‘de examen’ se estableció en cada ciudad donde hubiera periódicos, y los textos a publicarse necesitaban el visto bueno de los inapelables escudriñadores que no escatimaban el uso de su ‘lápiz rojo’. Ya en las postrimerías del régimen se giraron instrucciones para que fueran seguidas al pie de la letra incluso con la especificación de determinados adjetivos que serían usados en colaboraciones forzosas por los habituales columnistas de los diarios de mayor circulación. Siempre hubo periodistas en las cárceles; a ellos debemos extraordinarios documentos sobre las torturas y vejámenes que por entonces se aplicaban. Novelas, reportajes, testimonios variados del horror desenfrenado, ilustran suficientemente sobre esta espantosa situación.”
“Sobre la radio se ejercía similar control, siempre muy rígido -afirma en otro párrafo– para escamotear a la ciudadanía el conocimiento no sólo de lo que sucedía en el país, sino también de aquello ocurrido en el extranjero que pudiera tener desfavorable repercusión contra la autocracia vernácula.
“Lo que más interesaba ocultar eran los métodos y los instrumentos utilizados por la tiranía para imponer miedo a los ciudadanos y para ultrajar a las personas hasta neutralizarlas o convertirlas en pasivas aceptantes del desgobierno.” (25:37)
Igual que para el resto del gremio, y también del país, los años siguientes del régimen dictatorial del Pérez Jiménez, Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, fueron difíciles, cubiertos de nubarrones, salpicados de atropellos gubernamentales y también de atropellos empresariales. Efectivamente, algunos empresarios aprovecharon la precaria situación legal de la Venezuela de entonces, mientras Pérez Jiménez ordenaba sus obras cargadas de gigantismo inherente a la megalomanía, para atropellar a los trabajadores y echar atrás las contrataciones colectivas firmadas con el SNTP. Buen ejemplo de este fenómeno, nunca exclusivo de este país sino expresión común de la retrógrada dinámica de las dictaduras militares, lo constituyó la Cadena de Publicaciones Capriles, cuyo propietario Miguel Ángel Capriles nunca se distinguió por ser muy amigo de los sindicatos, y concretamente con el SNTP registra un historial adverso que data desde la fundación misma del Sindicato, relación que ha venido normalizándose y mejorando en los últimos tiempos, por la acción de los trabajadores. En boca de Claudio Cedeño, esa etapa de la dictadura la soportaron los sindicalistas y los trabajadores “aguantando mientras el palo va y viene”:
-No hubo arremetidas (por parte del gobierno contra el SNTP como tal). Claro, los patronos trataron de sacar ventajas, hubo un retroceso en la Cadena Capriles, los contratos se vinieron abajo...
-¿Los violaban?
-Las empresas ponían la tónica, ellas, aprovechándose de las circunstancias que había. Con la baja moral de los propios trabajadores de la empresa, imponían los contratos. Nosotros firmamos contratos con EL Nacional, EL Universal, etc. Y hubo un descenso, arremetidas de los patronos: Ultimas Noticias sacó a los trabajadores del contrato, creo que fue cuando Bastidas que volvió a tener contrato...
-Nosotros tuvimos durante ese período –habla Bastidas, electo Secretario General del SNTP en 1955– pugnamos mucho por meternos en la Cadena Capriles; teníamos contrato, celebrábamos nuestro contrato con EL Nacional. Nos metimos en la Cadena Capriles. (Miguel Ángel) Capriles iba personalmente a la Inspectoría del Trabajo a atender sus asuntos, y en una oportunidad Carlos Tinoco Redil, que era el Ministro del Trabajo, nos hizo saber a través de un funcionario, que estaban dispuestos a apoyarnos a nosotros en un contrato huelgario o conflictivo con Capriles. Yo recuerdo que ese día yo estuve con Miguel Ángel en la Inspectoría y bajamos hasta la parte esa subterránea que hay debajo de la Inspectoría del Trabajo, por los sótanos, y me bebí un café con Miguel Ángel Capriles y le dije ¿a que tú no sabes lo que me propusieron?... y no le dije. Se lo vine a decir después, el día que me mandaron a hacer un contacto con él, el primero de enero de 1958. En ese periodo –se refiere al lapso 55-58– se metían los contratos y se discutían, preferiblemente en el techo de las empresas, salvo con Capriles, que íbamos a la Inspectoría, porque Capriles nos destruyó varias veces el Sindicato durante la época de Pérez Jiménez: el Sindicato que había nacido en Ultimas Noticias... de repente no había Sindicato en Ultimas Noticias. El Sindicato en Ultimas Noticias se restableció por la combatividad de los fotógrafos, quienes en un momento dado se unificaron y nos permitieron a nosotros tener el mínimo de trabajadores necesario para meter un contrato y automáticamente dar estabilidad a la gente.
-Y después, bueno, eso se mantuvo así durante mucho tiempo –refirió Claudio Cedeño comentado el clima dictatorial-. En esa época ningún sindicato tenia mucha afluencia ni mucho menos; no podía haber auge, porque las libertades estaban restringidas y los patronos aprovecharon muy bien esa circunstancia para sacarle partido a la situación. De tal manera que no hay nada de esas cosas así (represión oficial contra la organización), pero terminó la arremetida de los primeros momentos, que era forzar el desplazamiento de nosotros precisamente. Yo por lo menos, recibí el peso de toda esa ofensiva en esos momentos. Pero no hubo una persecución contra el Sindicato por parte de la dictadura, no se puede decir que la hubo. Entonces nosotros aprovechamos el trabajo de la AVP para hacer lo que después hicimos, un trabajo de aglutinamiento, de conversaciones con la gente, de acuerdos para lograr sacar lo que sacamos posteriormente.
-¿La Huelga del 21 de Enero?
-La Huelga del 21 de enero...


RUMBO A LA DEMOCRACIA

1957 es el año de la agonía dictatorial que devendría en muerte en enero del año siguiente. Ese es el período del resurgimiento de la oposición a la dictadura; se crea la Junta Patriótica, integrada por su presidente Fabricio Ojeda (periodista de URD). Enrique Aristiguieta Gramcko (COPEI), Guillermo García Ponce (periodista del PCV), y Silvestre Ortiz Bucarán (AD); ocurre el movimiento estudiantil del 21 de noviembre; se concretan los contactos cívico-militares; y la dictadura presenta y ejecuta el famoso plebiscito del 15 de diciembre, con que aspiraba legalizarse el régimen prolongándose en un nuevo período de mando para el dictador Marcos Pérez Jiménez.
“... tuvo lugar el plebiscito en medio de la mayor indiferencia -escribe Luis Herrera Campíns, Presidente de la Republica 1979-1984-. La burla había sido demasiado grande e insoportable la mascarada. La dictadura confiaba excesivamente en el terror sembrado en los años anteriores. El plebiscito colmó los límites de la paciencia ciudadana. Cinco semanas más tarde se desmoronaría el castillo que tenia apariencia de pétrea solidez.” (11:101)
Los periodistas estaban en la primera línea de ofensiva contra la dictadura. Fabricio Ojeda y Guillermo García Ponce, el primero ejerciendo el reporterismo legalmente y el segundo sumergido en la clandestinidad, son muestra clara de la estrecha relación que tuvo el comando político antidictatorial con el gremio de la prensa, cuyo aporte en los últimos días del perezjimenismo gobernante es tal vez la más importante contribución de un sector profesional al rescate de los derechos populares. Desde el anonimato, decenas de periodistas y trabajadores de la prensa establecieron un formidable correaje de resistencia conectado a la Junta Patriótica, que pasó a coordinar la resistencia civil contra Pérez Jiménez y sus acólitos. Ello quedó demostrado con la Huelga de Prensa del 20-21 de enero de 1958, que fue el detonante de la Huelga General decretada por la Junta Patriótica.
La dictadura tuvo su primer golpe mortal con el alzamiento militar del 1ro de enero de 1958. Un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea de Venezuela, desde Maracay, y de motoblindados de Caracas, insurgen contra el autocrático régimen, y aunque cuentan con algún apoyo civil son derrotados y obligados a capitular, tocando a unos la cárcel, y a otros la clandestinidad y a terceros el exilio. Sin embargo, no todo fueron pérdidas. La situación interna de las Fuerzas Armadas, quedó demostrado, era muy diferente al monolitismo pregonado por el régimen, y fue catalizada por la avanzada de destacados oficiales de carrera que ya no podían continuar haciéndose cómplices de la ignominia dictatorial.
Ese inesperado movimiento militar fue seguido por acciones que querían consolidarlo. En ese sentido, la Junta Patriótica decidió presionar para que los periódicos salieran el día dos sin censura o dejaran de circular, en acto de irreverencia ante el poder y para enterar a todo el país de los acontecimientos que herían de muerte a un régimen descomposición.
-El 1ro de enero, cuando los militares se alzaron –cuenta Arístides Bastidas-, se me ordenó a mí, la Junta Patriótica le ordenó a Fabricio Ojeda y a (Eleazar) Díaz Rangel, que visitaran a los directores de periódicos para pedir que salieran el 2 sin censura. A mí me tocó en la tarde, hacer una diligencia mucho más a fondo. Como las empresas estaban disgustadas con Pérez Jiménez, no sólo por la censura que les tenía impuesta sino porque Pérez Jiménez había utilizado millones y millones de centímetros (centímetros/columna) durante el plebiscito para su propaganda y no les había pagado, y las empresas ya estaban muy disgustadas con él, entonces los empresarios tenían ganas de paralizarse. Yo fui en representación de los trabajadores, hablé en El Nacional con Alejandro Otero Silva (Administrador) y con Humberto Rivas Mijares (Director), y de acuerdo con ellos, me fui a hablar con Miguel Capriles, y a hacer contacto con los Núñez (dueños de El Universal), porque la idea era que trabajadores y empresarios se pusieran de acuerdo para cerrar los periódicos y no aparecer el dos de enero. Estas cosas se han contado muy poco ¿no?... Miguel Angel Capriles me citó al Teatro Colinas (en Bello Monte), como a las cuatro y media de la tarde. Yo me despedí de los directivos de El Nacional que esperaban mi llamada que les confirmara que Capriles iba a parar los periódicos de él, para ellos parar el suyo. Y entonces, en el Teatro Colinas me estaba esperando un representante de Capriles; Capriles estaba ya escondido porque estaba vinculado al golpe del 1ro de enero, y me llevaron por ahí pa’arriba, con una cantidad de misterios, por esas colinas; fui a la casa de Capriles y me dijo: lo que tengo que decir es que yo estoy en contacto con los militares, estoy comprometido con este movimiento, y yo paro mis periódicos e inclusive voy a pagarle los salarios caídos a mis trabajadores, me comprometo formalmente. Entonces, llame a El Nacional para que pararan también, y llamé a El Universal para que también parara. En El Universal habían dejado para recibir mi llamada confirmatoria de que Capriles paraba, como coordinador del movimiento, a Benarroche. Yo le dije: ¿tú eres el hombre de confianza de los Núñez? Paren el periódico porque ya está confirmado que los Capriles van a parar. Este Benarroche salió del El Universal, que quedaba en la esquina de Principal, y fue a la Gobernación y delató a Capriles y me delató a mí. En la noche hicieron preso a Capriles y entonces se inició la búsqueda mía, porque consideraban que yo era el tipo que estaba dirigiendo la cosa por parte de los periodistas, y no era así.
-¿Quiénes la dirigían?
-Estaba Díaz Rangel, quien realmente tuvo, pues,... se movilizó mucho en eso. Díaz Rangel tuvo indudablemente una acción organizativa y dirigente bastante importante. De igual modo Fabricio... Y diría, yo estaba más o menos por ahí.
Los Periódicos dejaron de circular, efectivamente, el dos de enero. Reaparecen el tres, por imposición del gobierno.
-El cuatro –continua Bastidas-, Vallenilla Lanz le impuso a todos los directores de periódicos que dijeran que la situación era normal y les impuso la obligación de publicar en la primera pagina editoriales favorables al gobierno, concebidos en el estilo de cada periódico. Nosotros, por nuestra propia cuenta, decidimos que parábamos los periódicos otra vez. Recuerdo que Díaz Rangel y yo botamos todos los materiales que estaban allí adentro (en la redacción del El Nacional); entramos a la sala de cables y rompimos todos los cables, y se hicieron contactos con los demás periódicos para que no salieran al día siguiente, y nos fuimos todos a “la concha”. El cinco de enero salieron unas ediciones raquíticas de todos los periódicos, porque la Seguridad Nacional había invadido todos los periódicos, metralletas en mano, y sacaron los periódicos con los materiales que encontraron. Esa noche, la del cuatro de enero, sacaron a Capriles (que estaba preso en la SN) y lo llevaron, barbudo, sin paltó, en camisa, sin corbata, con los zapatos sin medias y con los cordones sueltos, en ese lamentable estado lo llevaron al periódico para que mandara a los trabajadores a que sacaran los periódicos, las ediciones raquíticas. Sin embargo, el gobierno no ordenó ningún tipo de represión contra los periodistas. Al único tipo que buscaban era a mí, al único... el gobierno estaba muy desorientado.
El desmoronamiento estaba en marcha. Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, Ministro del Interior y Jefe de la Seguridad Nacional, respectivamente, abandonan el país.
Continúa en SNTP (IV)
 
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