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NACIMIENTO Y DESARROLLO
DEL SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES
DE LA PRENSA
(SNTP)


Manuel Isidro Molina Peñaloza
manuelisidro21@gmail.com



• El autor es licenciado en Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela.

• Especialista en Ciencia Política, con estudios de maestría aprobados en la Universidad Simón Bolívar. Pendiente de presentar el Trabajo de Grado para obtener el grado Magíster en Ciencia Política.

• Ha sido profesor de Lenguaje y Comunicación y Ética Publicitaria en el Instituto Universitario de Mercadotecnia (ISUM), Caracas; y de Comunicación y Desarrollo y Sociopolítica en la Universidad Católica Santa Rosa, Caracas.

• Ha sido ponente en diversos foros nacionales e internacionales, y expositor invitado durante tres años, del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional “Gran Mariscal Ayacucho Antonio José de Sucre”, Caracas.

DESEMPEÑO PROFESIONAL ACTUAL:

• Editor-Director de SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela

• Presidente de la EDITORIAL UNIVERSITARIA LATINOCARIBEÑA, C. A.

• Columnista del semanario LA RAZÓN, Caracas.

GREMIALMENTE se ha desempeñado como:

• Presidente del Colegio Nacional de Periodistas (1996-1998)

• Coordinador del “Foro Profesional de Venezuela”, que en 1997 agrupó a todos los Colegios y Federaciones de profesionales universitarios de Venezuela. Su designación en ese importante cargo intergremial fue producto de la decisión democrática de todos sus colegas presidentes y presidentas de las Federaciones y Colegios de profesionales universitarios del país, reunidos en Caracas, en enero de 1997.

• Secretario General de la IX Convención Nacional de Periodistas.

• Secretario de Organización de Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (1978-1980).

• Presidente y Secretario General del Centro de Estudiantes del “Liceo Luis Razetti”, Caracas. (1965-1968)

CARGOS DE REPRESENTACIÓN POPULAR EJERCIDOS:

• Diputado al Congreso de la República, por el Distrito Federal (1994-1999).

• Presidente de la Comisión Permanente de Medios de Comunicación Social de la Cámara de Diputados (1994-1996, lapso en el cual fue aprobada la vigente Ley de Ejercicio del Periodismo –Diciembre de 1994).

• Diputado al Congreso de la República, por el Estado Mérida (1989-1994).























UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE COMUNICACIÓN SOCIAL



TRABAJO DE GRADO DE:

MANUEL ISIDRO MOLINA PEÑALOZA

PARA OPTAR AL TITULO DE:

LICENCIADO EN COMUNICACIÓN SOCIAL
(MENCION IMPRESO)

TUTOR:

Prof. LENIN LOMBARDO MOLINA PEÑALOZA

MIEMBROS DEL JURADO:

Prof. GILBERTO ALCALÁ
Prof. EARLE HERRERA


Caracas, noviembre de 1980.






INTRODUCCIÓN

En 1981 cumple 35 años de existencia el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), ente gremial de singular importancia, cuyos militantes poca o ninguna atención han prestado a su significación histórica como elemento de primera línea en la elevación profesional, la dignidad laboral y las condiciones de trabajo y beneficios socio-económicos.
Sólo comparando los 80 bolívares mensuales más una puya (5 céntimos de bolívar) por centímetro/columna publicado, que ganaban los periodistas de Ultimas Noticias en 1946, con la realidad contractual de hoy, bastaría para apreciar el rol catalizador que ha desempeñado el SNTP con el esfuerzo de sus dirigentes y afiliados durante épocas benignas y también en momentos difíciles para los trabajadores y fuerzas progresistas, y por ende para la Patria.
Fundado cinco años después que la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), el entonces Sindicato Nacional de Periodistas surge como motor de las luchas clasistas de los trabajadores de la prensa, y durante su desarrollo firma los primeros contratos colectivos de trabajo con base en las ahora insuficientes y amañadas legislación y reglamentación laborales; organiza a los trabajadores para luchar por sus derechos frente a los patronos; acompaña al pueblo venezolano en sus luchas por las libertades ciudadanas frente a la dictadura perezjimenista; enfrenta los excesos antidemocráticos del gobierno del presidente Rómulo Betancourt (quien, aunque electo democráticamente se desempeñó en Miraflores con el mayor desprecio hacia los principios y garantías de nuestra Constitución Nacional de 1961); adhiere a los sentimientos progresistas y luchas por la libertad de los pueblos, especialmente en nuestra América Latina; comparte las justas luchas de los trabajadores venezolanos por mejores condiciones de vida y trabajo; y milita decididamente en el campo de quienes asumen verticalmente la defensa de la libertad de expresión y la libertad de información, sin confundir estos términos con el sentido insincero que le han venido dando los patronos nacionales e “interamericanos” agrupados en el Bloque de Prensa Venezolano, Cámara Venezolana de la Radiodifusión, Cámara Venezolana de la Industria de la Televisión, Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), entes patronales que más que “libertad” andan en busca de la continuidad de sus privilegios de poder y de su rectoría en la dinámica de los medios de difusión masiva de nuestros países, donde “administran” a su antojo el flujo informativo.
Pero sería poco realista reflejar un balance cien por ciento positivo, que nos llevaría a un conformismo deseado por las fuerzas dominantes e impediría ver deficiencias al lado de las virtudes, lo que a su vez mataría la posibilidad de revitalizar, desarrollar y ampliar el campo de acción y el espíritu clasista que en el futuro pueda hacer del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa una referencia positiva para el resto de los trabajadores del país, cobijados hoy, en su mayoría, por un sindicalismo castrado, colaboracionista y reformista, que no permite el desarrollo eficaz de las luchas sociales, en aras de su permanente compromiso con las fuerzas políticas pro-capitalistas, conformándose con migajas para no romper el grotesco sistema de privilegios y predominios que mantiene atada a Venezuela al subdesarrollo y la dependencia, uno de cuyos componentes es la transculturización a través de los medios de difusión masiva y otros mecanismos culturales, que evidentemente no han dejado de contaminar a nuestro gremio, como a toda la sociedad venezolana.
Por ello, este modesto Trabajo de Grado no se quedaría en la fría referencia a hechos y fechas, como era el método de la historia anecdótico-cronológica que nos forzaron a memorizar en la escuela con los textos primarios del profesor Siso Martínez. Será más bien, la interpretación y una serie de reflexiones en torno a hechos ciertos de la historia inédita del SNTP, con un elemento particular que es necesario conocer desde el principio para poder entender al final, por qué el autor también es actor y asume posiciones autónomas respecto a muchos tópicos:
Efectivamente, aclaro que actualmente soy Secretario de Organización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, electo en 1979, cuando me desempeñaba como Secretario de Redacción en el diario Ultimas Noticias, momento en el que comienza a ligarse la vida del SNTP a la acción de sus recién electos siete directivos, entre quienes me encuentro.
Este trabajo no estará regido por concepciones “obreristas”, que a fin de cuentas desconocen la realidad nacional y la dinámica laboral del país, negando la potencialidad de ciertas clases intermedias, como algunos sectores de la clase media, por ejemplo, por simple afán sectario y purista. Tampoco estará en el otro extremo: el que niega, prácticamente, la lucha de clases y el cambio revolucionario por conformarse con el quietismo sindical y la paz obrero-patronal, que asigna a los sindicatos un simple rol economicista o, por mucha audacia que se tenga, políticamente conservador en tanto que defensor complacido del actual sistema político y económico venezolano. Si bien no se trata de caer en el “forismo” (24:51) argentino de principio de siglo, desarrollado en el Cono Sur por la inmigración europea que llegó con sus maletas repletas de textos anarquistas y los corazones excitados por los tumultos sociales del viejo continente que tuvieron el más alto exponente en la “Comuna de París”, fracasado experimento socio-político proletario del siglo XIX, que gracias a Karl Marx (1818-1883) dejó valiosas enseñanzas; tampoco se trata de mirar y actuar con los ojos y músculos reformistas, que apenas alcanzan para conseguir unos bolívares más cada vez que se discute un contrato colectivo de trabajo.
Por su especificidad, el SNTP, con toda esa carga de dignidad y lucha que durante 35 años han mantenido sus dirigentes y militantes, está llamado a ser un importante centro de referencia sindical venezolano que por sus vínculos directos con la política, la historia contemporánea y la cultura, puede desempeñar un rol de vanguardia en la sociedad venezolana, contribuyendo a la conformación de fuerzas emergentes que apunten a la transformación de esta sociedad que ya nadie vacila en calificar de injusta. Por ello, se analizan en este trabajo las perspectivas inmediatas del SNTP, si su colectivo se dispone a imprimir una nueva orientación que le permita optimizar la utilización e incorporación de todos los recursos que tiene a su alcance.
Esta investigación, que desde el momento mismo de presentar el Proyecto tipificamos como documental y testimonial, tuvo dos elementos de signos contrarios entre sí:
El primero, negativo: bibliografía no existe sobre el SNTP, apenas unas útiles referencias en algunos trabajos sobre la AVP o el Colegio Nacional de Periodistas (CNP), lo cual se dificulta más con la falta de archivos metodizados y suficientes en el SNTP y en la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal.
Y en segundo lugar, el positivo: mucha de la historia del Sindicato, que no está en libros ni en archivos, permanece en las mentes de los actores de cada época, quienes la suministran con ciertas explicables inexactitudes, aderezadas con juicios personales totalmente válidos, si respetamos el natural elemento subjetivo que todos llevamos por dentro. Para las personas que fueron consultadas en diversas oportunidades para armar este aporte a la historia del SNTP, va ya el más profundo agradecimiento.
Huelga aclarar que con este Trabajo de Grado no se pretende agotar el tema y, por el contrario, se ofrece como un modesto aporte al conocimiento de treinta y cinco años de acción y pasión por un gremio joven que todavía no ha logrado su mejor época ni su papel protagónico en el sistema comunicacional del país, dominado por sectores de la burguesía con nexos de asociación y dependencia de economías transnacionales, que han “distorsionado tan profundamente la evolución económica del país, que incluso el excepcional ingreso petrolero que ha percibido, más bien ha contribuido a acentuar la deformación de su desarrollo y la del proceso y comportamiento de sus clases sociales, tanto de las dominantes como de las explotadas e intermedias.” (20:35)
Quedarán formuladas algunas interrogantes y evidentes algunas lagunas. También, elementos para discutir en beneficio del SNTP y sus agremiados. Todo resultará un reto a otros para ahondar en la historia de este organismo gremial, que junto a las de la Asociación Venezolana de Periodistas y del Colegio Nacional de Periodistas deben ser entrelazadas para escribir algún día la historia general del gremio en la era postgomecista, importante etapa del periodismo y la vida nacionales, precedida por 35 años de primitivismo político, cuando los periodistas se confundían con los políticos y viceversa, para dejarnos ejemplos de capacidad, lucha y dignidad.

UNA EPOCA

Los “chopos de piedra” ya habían sido desplazados definitivamente por los “técnicos” (5:15). Diez años con varios metros de tierra encima llevaba en eterno descanso el “Benemérito” Juan Vicente Gómez, ese férreo caudillo-anticaudillista a quien se le asigna la unificación de Venezuela y la estructuración de las Fuerzas Armadas con principios de unidad de mando y organización verdaderamente nacional; el haber entregado nuestra riqueza petrolera al capital transnacional, fundamentalmente a ingleses, holandeses y estadounidenses; y ser rector de esa rotunda política carcelaria y represiva contra sus opositores, a quienes la historia (o ciertos historiadores) quiere sacralizar y representar iconográficamente en la “Generación del 28”, especie de club caudillesco, cuyos miembros no se conforman con el reconocimiento popular del que han sido objeto sino que pretenden continuar percibiendo los beneficios de sus “sacrificios por la patria” e influyendo decisivamente en la vida nacional, unos por sus siempre frustradas ansias de poder, y otros por su insolente deseo de ejercerlo en forma vitalicia, aunque con visos de alternabilidad.
La muerte de Gómez, el 17 de Diciembre de 1935, fecha a la que algunos asignan maniqueísmo del dictador y sus adláteres para hacerla coincidir con el aniversario de la muerte de nuestro Libertador Simón Bolívar, significó también el comienzo de la agonía de un régimen que mantenía a Venezuela alejada del desarrollo de otros pueblos, tanto en lo político como en lo económico-social, y ni qué hablar de lo cultural. Un sistema de organización social que estimuló las más diversas reacciones opositoras, siempre atacadas con ansias de aniquilamiento, pero que, por contradicciones inherentes a cualquier cuerpo social, fue también vivero de la maduración y diferenciación de las actuales clases sociales antagónicas, enumeradas por el extinto economista y profesor universitario Salvador de la Plaza, de la siguiente manera:
La clase dominante integrada por la burguesía industrial, empresarios agropecuarios, comerciantes, importadores, etc., quienes tienen dos grandes sectores: los nacionales y los ligados a las economías imperialistas, siendo más poderoso el segundo.
Las clases explotadas: el campesinado y los obreros. Y advierte este autor, “entre la clase dominante –sus dos sectores acaparadores de los medios de producción– y las clases explotadas, productoras de riqueza, una variedad de subclases, con sus propios antagonismos, que va desde lo que podría ser calificada de pequeña burguesía, por los ingresos, hábitos y costumbres de quienes la integran –profesionales, técnicos, burocracia media, pequeños industriales, etc.-, hasta la amplia masa de los sin-trabajo que deambulan por el territorio o se asientan en los sórdidos suburbios de los pueblos y ciudades.” (20:34).
Basándonos en Salvador de la Plaza, podemos determinar los antecedentes de las clases sociales venezolanas, que vienen de una relación de profunda explotación desde la época misma de la conquista y luego en la sociedad colonial, donde existió una estructura esclavista que también registra el historiador Federico Brito Figueroa en su libro La Formación de las Clases Sociales en Venezuela, para quien “la captura de indígenas con fines de tráfico esclavista es una de las actividades económicas explotadas por los conquistadores desde el instante mismo del descubrimiento de América”, actividades en que “participa el propio Cristóbal Colón, quien el 14 de Octubre de 1492 remite a España el primer lote de esclavos indios” (3:24). “El 24 de febrero de 1545, Cristóbal Colón remitió a Sevilla 500 esclavos indígenas de ambos sexos, distribuidos en cuatro buques de carga –refiere FBF-. Esta actividad práctica de Cristóbal Colón respondía a la concepción que tenía sobre los fines de la conquista; en efecto, el 15 de febrero de 1493 había escrito (...) que en las tierras conquistadas se obtendría oro, especerías, algodón y esclavos cuanto mandare cargar” (3:25). Esa relación de esclavitud se vivió abiertamente en los placeres de perlas, donde indígenas y esclavos africanos eran obligados “a trabajar mediante la más brutal violencia física, sobre la base del látigo y las más severas penas corporales; en las noches dormían amarrados a un botalón o inmovilizados con el aparato de tortura llamado cepo; se les marcaba con hierro candente para identificarlos fácilmente en caso de fuga, casi no se les suministraba alimentos.” (3:28 y 29). Así, negros e indígenas “forman una clase social, la clase de los esclavos, propiedad de los amos esclavistas, dueños de los primeros en términos de una cosa y de su capacidad de producción” (3:36), de tal manera que el “modo de producción esclavista (...) es el rasgo fundamental de la estructura económica que domina cualitativamente en el territorio venezolano conquistado hasta 1550” (3:40), donde “con el apoyo institucional e ideológico del Estado metropolitano español, los amos de esclavos se fortalecen como clase social explotadora” (3:43).
El profesor Brito Figueroa remata el estudio mencionado, afirmando que “no hay la más mínima duda que la salvaje política de discriminación racial impuesta como sistema con relación a los negros es para afianzar igualmente el régimen económico-social de esclavitud y el status político esclavista, que como una entidad histórica indisoluble, constituye el instrumento de dominación del Estado metropolitano español en territorio venezolano, en la época de formación de las primeras clases sociales en ese territorio violentamente conquistado.” (3:49 y 50).
Esa etapa inicial sufre las naturales transformaciones que permiten la aparición y consolidación de las clases y castas coloniales que van a vivir la lucha por la independencia a partir de 1811, cuando se protocoliza la separación de la España de Fernando VII, el 5 de julio.
“Realizada la emancipación tras cruenta y prolongada guerra -sostiene Salvador de la Plaza– y convertida la Capitanía General de Venezuela en Estado autónomo e independiente, la estructura esclavista y de clases de la Colonia pervivió, lo que explica por qué (...) quienes estaban en capacidad de dirigir la acción emancipadora, cortar el lazo de dependencia con la Corona, incluso al comienzo con la oposición de los rangos inferiores de la sociedad, no podrían ser otros que los mismos grandes propietarios de tierra y de esclavos, el sector de la clase económicamente dominante que con la independencia se apoderaba de todo el poder político.” (20:20).
Sin embargo, la lucha independentista, que fue tan devastadora en nuestro territorio, imprimió cambios apreciables en el orden social, pues “si bien es cierto que el Estado no aboliría la esclavitud hasta 1854 (con el presidente José Gregorio Monagas) el modo de producción esclavista ya había dejado de ser predominante, pues la mayoría de los esclavos, aprovechando la consiguiente desarticulación y desajustes provocados por las guerras, se había liberado por sí misma, abandonando las haciendas, incorporándose a los cuerpos de ejército, tanto a los realistas como a los independentistas o internándose en las montañas y llanos para emprender sus propios sembradíos. Los grandes propietarios de tierras, ante la imposibilidad de recuperar sus esclavos por medio de la fuerza pública, gestiones en las que agotaron no pocos esfuerzos, optaron por generalizar en sus haciendas y hatos relaciones de producción que parcialmente estaban en uso desde la Colonia. En efecto, sustituyeron, o mejor dicho, reemplazaron, la mano de obra esclava en las plantaciones de cacao, de café, de caña de azúcar por el ‘medianero’ y por el ‘aparcero’ en los cultivos temporeros (cereales, tubérculos, etc.), y en unos y otros cultivos y en la cría, por el ‘peón’ agrícola, especie de asalariado en condiciones infrahumanas.” (20:20).
Este reacomodo social y económico tuvo su soporte en lo político, y fue dando origen al caudillismo en Venezuela, fenómeno que mantuvo desarticulado al país hasta la época de Gómez. La explotación creciente de los trabajadores del campo por parte de los terratenientes, quienes veían crecer sus acres al tiempo que consolidaban poder regional, “determinó que éstos se convirtieran en caciques o caudillos –especies de señores feudales-, que en sus respectivas regiones detentaban el poder económico y el político, y en las luchas entre ellos por conservar la hegemonía local o conquistar el poder nacional, arrastraron tras ellos a los medianeros, aparceros y peones agrícolas arraigados en sus tierras, glas que fue escenario el país hasta entrado el presente siglo...” (20:21). Era la guerra entre la “oligarquía conservadora”, descendiente de la “nobleza criolla”, y la “oligarquía liberal” conformada por jefes militares de la independencia.
A rasgos generales, ese es el país que encuentran Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en 1899, cuando inician la larga hegemonía andina en el poder.
En 1908, Juan Vicente Gómez desplaza del poder a Cipriano Castro, quien desde la Presidencia enfrentó agresiones imperialistas. “La dinámica política de la sociedad venezolana en la primera década del siglo XX –afirma el investigador social y profesor universitario Rodolfo Quintero – no constituye una garantía para las inversiones de los monopolios internacionales. Los imperialistas juzgan necesarios el derrocamiento de Cipriano Castro y hacer presidente a Juan Vicente Gómez, quien ofrece pagar las deudas y entregar el petróleo del subsuelo nacional a los consorcios de dicha industria con radio de acción mundial”. Según el autor mencionado, “los planes imperialistas se cumplen con sorprendente rapidez, Juan Vicente Gómez, apoyado política y militarmente por Estados Unidos, desconoce a Castro (quien se encontraba en Europa por razones de salud) y, como jefe del Estado inicia su actuación de fiel servidor de los intereses extranjeros. Cancela las deudas y sus intereses, persigue brutalmente a los opositores y monta una maquinaria de terror gubernamental que funciona hasta los últimos días de 1935” (21:43 y 44).
“En torno al Gobierno de Gómez –escribió Salvador de la Plaza-, integrando la clase dominante, giraban los grandes propietarios de tierras, los comerciantes, prestamistas, rentistas urbanos, alta burocracia, como clase inferior de sustentación, un campesinado cada vez más explotado y depauperado. Entre ambas clases, y sin que todavía se les pudiera clasificar de clase media, los artesanos, profesionales, empleados públicos y privados, pequeños comerciantes y los estratos más pobres de las ciudades. A los 84 años de existir la República, Gómez unificador y centralizador del poder político, dictador sanguinario, fue el exponente caracterizado de aquella estructura latifundista, del atraso económico, social y político que engendraba, y del divorcio entre el ordenamiento jurídico que cursaba en Constituciones y leyes y las relaciones sociales y políticas que imperaban en la práctica diaria.” (20:26).
El período gomecista es también la génesis de la Venezuela moderna, tanto desde el punto de vista político como del económico. Bajo el mandato del “benemérito” nace, muere y reencarna la Escuela Militar de Venezuela; se consolida la explotación petrolera en manos de las transnacionales; se instaura la persecución, tortura y muerte de los opositores, pero al mismo tiempo nacen y florecen con ideologías muy diversas los grupos de luchadores sociales que luego serían los dirigentes de los partidos políticos decanos de la vida contemporánea –(PCV, AD, URD Y COPEI) , comienza el éxodo campesino hacia los campos petroleros; y en la medida en que la producción y exportación de petróleo fue aumentando hasta convertirse en la actividad económica predominante, a través de la cual se deslizaba un poder real a manos de los trusts petroleros. Un enriquecido sector de la clase dominante (los burócratas y “hombres de negocios”) fue “transformándose cada vez más en el principal agente de mediatización económica y política del país” (20:28). A partir del desarrollo de la industria petrolera y del éxodo humano hacia las zonas petroleras y ciudades importantes donde florecía la burocracia, “fueron apareciendo en la evolución de la sociedad venezolana masas asalariadas, relativamente numerosas y concentradas que devendrían en el inmediato futuro de la clase obrera venezolana.” (20:28)
Citando investigaciones universitarias de 1966, Rodolfo Quintero en su obra Clase Obrera y Revolución, participa del criterio sostenido por Salvador de la Plaza en cuanto al nacimiento de la clase obrera en Venezuela, cuando afirma que “los primeros grupos sociales de obreros aparecen en la sociedad venezolana durante las últimas décadas del siglo XIX, pero la clase obrera como tal, diferenciada de otras clases por el lugar ocupado en el proceso de producción predominante, surge y adquiere fisonomía con la iniciación y el desarrollo en el país de las operaciones de exploración y explotación, programadas por los monopolios extranjeros en la industria petrolera” . (22:45)
Desde el punto de vista estructural, Salvador de la Plaza mantuvo el criterio de que “en el país comenzaron a coexistir dos economías en perenne contradicción y antagonismo: la agropecuaria atrasada y en decadencia, como hemos visto, pero nacional; y la petrolera, la que además de altamente tecnificada es extranjera por su ensamblamiento a las economías de los países de origen de los trusts, principalmente a la de Estados Unidos; anormal coexistencia que (...) determinaría que la evolución y formación de las clases sociales venezolanas siguieran un proceso que, en muchos aspectos –el más trascendental: la gestación y desarrollo de una clase industrial nacional-, diferiría del observado y comprobado en los países desarrollados.” (20:29)
En cuanto a la libertad de expresión se refiere, el período gomecista fue de casi absoluta oscuridad, salvo el irreverente humorismo de Leoncio Martínez, leo, quien alternativamente tuvo dos domicilios: Fantoches y la cárcel, que le permitió conocer la asfixiante atmósfera de La Rotunda, símbolo de la represión ignominiosa causante de un letargo en el desenvolvimiento nacional.
“El gomecismo, indudablemente, fue el máximo negador de la libertad de prensa (...). Era un sistema nacional de opresión”, en criterio del colega y profesor universitario Manuel Isidro Molina Gavidia, expresado a partir de consideraciones sobre periodismo regional en su obra Humorismo Trujillano (13:56).
Venezuela conoce la muerte de Juan Vicente Gómez, preñada de convulsiones, transformaciones y ansias de libertad. La mano férrea del general Eleazar López Contreras, quien ocupa la Presidencia de la República desde la desaparición del dictador hasta 1941, cuando sume su Ministro de guerra y Marina, general Isaías Medina Angarita, no fue suficiente para impedir que afloraran manifestaciones populares en procura de mejores condiciones de vida y por la democratización del país.
Ya en junio de 1936, apenas seis meses después de sepultado el jefe de la dictadura más longeva de Venezuela, se produjo una huelga general contra una legislación antidemocrática que pretendía imponer López Contreras. Ese año es el momento del gran despertar social y político de la Venezuela contemporánea, aunque se mantenían las estructuras gomecistas. Importantes jornadas laborales fueron la huelga petrolera iniciada el 9 de diciembre -decretada ilegal por el gobierno el 2 de enero de 1937– y la realización en Caracas del Primer Congreso de Trabajadores de Venezuela, que representó a más de 200 mil obreros y empleados de todo el país, según refiere el entonces dirigente sindical Rodolfo Quintero.
La represión lopecista, instigada por las clases dominantes y los trusts extranjeros, propinó duros golpes al movimiento sindical. Sin embargo, los trabajadores, motorizados por militantes políticos, fundamentalmente del Partido Comunista de Venezuela y del Partido Democrático Nacional (que se convertiría en Acción Democrática, en 1941) realizan en 1938, en Caracas, una Conferencia Sindical Nacional que fue reprimida por la Gobernación del Distrito Federal y continuó en la clandestinidad, siendo sus principales decisiones decretar el 1ro. de Mayo como Día del Trabajador Venezolano, y la “elección de un Comité Ejecutivo de la Confederación de Trabajadores de Venezuela.” (21:145)
La presión política y social continuó con altibajos, pero hacia adelante. Cuando asume Isaías Medina Angarita la Presidencia de la República, se inicia un período de democratización detestado por el gomecismo que veía escapar de sus manos definitivamente un país que había tenido de botín y hacienda durante casi tres décadas. Todavía los “chopos de piedra” mantenían ciertas esferas de mando que frenaban la apertura democrática del régimen, al cual muchos asignan un balance positivo y otros critican no haber acelerado la marcha hacia la modernización y democratización del país.
El 18 de octubre de 1945, sale el general Medina Angarita de Miraflores, derrocado por un grupo de militares jóvenes formados en academias del país y del extranjero, en combinación con el partido Acción Democrática, ese pivote del desarrollo capitalista dependiente de Venezuela en las últimas cuatro décadas. Rómulo Betancourt asume la jefatura de la Junta de Gobierno y se abre en el país una etapa de gran ebullición social y política, que registra, por ejemplo, la fundación de centenares de sindicatos y asociaciones gremiales en todo el territorio nacional.
En torno a esa “Revolución de Octubre”, como la llaman en la literatura adeca, han surgido muchas consideraciones, en su mayoría negativas, pero es indudable el respaldo que en el orden político tuvo luego de parte de una población desorientada, ignorante, hambrienta y ansiosa de un mejor futuro, que no vacila en lanzarse a la lucha social aprovechando la apertura política y el desarrollo de la modernización institucional del Estado, que si bien tiene méritos en el orden meramente político, en el social y en el económico carece de muchas virtudes.
Mario Briceño Iragorry, escritor trujillano de grandes méritos, íntimo amigo de Isaías Medina Angarita y estrecho colaborador en su gobierno, en ese ensayo desgarrador sobre la identidad nacional Mensaje sin Destino, plasma un criterio al respecto: “La Revolución de octubre de 1945, afanosa de componerlo corrompido anterior, habló hasta de una segunda independencia. Lo mismo habían hecho todos los movimientos precedentes cuando tomaron el gobierno.
“Si leemos los discursos inaugurales de los ejercitantes del Poder, hallaremos que Venezuela ha nacido tantas veces como regímenes personalistas ha soportado.” (2:40)
Y agrega más adelante:
“Lo mismo que proclamaron Guzmán y Betancourt, lo sintieron o lo mintieron Gómez y Castro, Crespo y los Monagas. Cada uno se creyó a su turno el mago de Venezuela, y preocupados los magos y los brujos de cada momento en variar y mejorar a su modo el rostro de la patria, hemos terminado en sufrir una fatal ausencia de perfiles determinados. Creo que cualquiera conviene conmigo en que sea ésta la peor de las crisis que sufre nuestro país.” (2:41).
Salvador de la Plaza le asignó al golpe del 45 un tinte extranjerizante y dependiente. Él afirma que “los trusts norteamericanos, apoyándose en el sector parasitario y antinacional, y valiéndose de un grupo de oficiales del Ejército y de líderes pequeñoburgueses demagogos, organizaron un golpe de estado, derribaron al gobierno y, el de facto que fue instaurado derogó la Ley de Reforma Agraria y frenó la industrialización independiente, favoreciendo y auspiciando la instalación en el país de subsidiarias de los grandes truts norteamericanos, clausurando así, el breve paréntesis –1941/1945– de actuación nacionalista del Estado.” (20:32)
En todo caso, los nexos de dependencia estaban enraizados, fundamentalmente con Estados Unidos, potencia que emergió de la Segunda Guerra Mundial que diezmó a Europa, como el Estado imperialista que cuenta con el más poderoso cuerpo económico y militar del capitalismo mundial, preeminencia que hoy registra en declive la realidad internacional debido a la superación de los pueblos en sus luchas contra el imperialismo y el colonialismo. Tenía sus bases firmes en el país, la “cultura del petróleo” (21), que Rodolfo Quintero encuentra en lo más íntimo de la sociedad venezolana contemporánea, parte de la “crisis de pueblo” que atormentó a Mario Briceño Iragorry (2:14). En aquel tiempo ya se advertían las causas de la actual falta de identidad nacional, la nociva penetración cultural a través de los medios de difusión masiva y otros mecanismos, la desarticulación social y el desdoblamiento de clases que mantiene en la abulia y la indeferencia a la mayoría de los trabajadores venezolanos, imbuidos por la perspectiva del enriquecimiento fácil, el derroche suntuario, la frivolidad y el seguimiento de patrones de conducta y aspiraciones que se contradicen con su naturaleza de clase.
Por aquella época, Caracas contaba apenas unos 300 mil habitantes, lo que bien puede ser hoy la parroquia Caricuao o el “23 de enero”, sin la alta concentración humana, por supuesto. “El norte lo arropaban una serie de casonas ubicadas más acá de la actual Cota Mil; por el sur el lindero era Puente Soublette o Quinta Crespo, a cuyos lados corría el Guaire, alargando esta extremidad sus dedos hasta la urbanización El Paraíso, La Vega, Los Rosales, El Cementerio y el Valle. Por el oeste, Palo Grande era un punto extremo, porque más allá estaban los aledaños; en Antímano aún se veían vaqueras y en sus contornos los sembradíos. El este de la ciudad finalizaba en la Calle Real de Quebrada Honda y en la urbanización Los Caobos, pues Sabana Grande, Cacaito, Chacao y Petare eran aldeas tranquilas y pintorescas, pueblos que no habían comenzado a recibir los aires del remozamiento, ayunos de los estímulos de los que será más tarde la zona metropolitana. La urbe en puntillas se disponía no obstante a invadir sembradíos y jardines, y a perfilar su futura silueta de gran ciudad.”, según la descripción que hace el colega e historiador Luis Cordero Velásquez en su libro Betancourt y la Conjura Militar del 45. (5:14)
A partir del régimen de Medina, el periodismo venezolano encuentra condiciones favorables para su desarrollo, fundamentalmente en Caracas, cuidad que comenzaba a sufrir la hipertrofia política, demográfica y económica que la ha llevado a ser hoy el centro vital, corazón y cerebro de una Venezuela excesivamente centralizada, lo que planificadores y sociólogos han dado en llamar “megacentrismo”.
Es universal el reconocimiento al respeto que por las libertades públicas, y especialmente la libertad de información, mantuvo siempre el Presidente Medina. “La palabra se combatía con la palabra –afirma Manuel Isidro Molina Gavidia-, el argumento con el argumento. Después del 45 también existió esa libertad hasta 1948. A partir del decreto de suspensión de garantías constitucionales del Presidente Gallegos, vuelve a caer la bota de la censura.” (3:58)
El propio Isaías Medina Angarita lo reafirma en discurso pronunciado en el Teatro Municipal de Caracas, el 24 de octubre de 1943, al inaugurar el Primer Congreso Venezolano de Periodistas, según cita del colega profesor universitario Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes y Materiales para la Historia de la A.V.P.:
“’Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema dirección me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener la garantía constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar de que a su ejercicio cabal no se pongan trabas. Mis más íntimas convicciones, mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente de que en el país exista un clima propicio a la libre discusión de los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros permanentes destinos de a Nación Venezolana, me impulsa a declarar nuevamente en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa, una norma inalterable durante mi mandato constitucional’.” (7:21 y 22).
Ahora, El Universal, La esfera, La religión, El Heraldo, diarios existentes para el período de López Contreras, reciben el impacto del periodismo popular que comienza a desplegar Ultimas Noticias desde el 16 de septiembre de 1941; de El Nacional, que nace dos años después con innovaciones de estilo y presentación; del serio humor de El Morrocoy Azul; y la acción política de El País, tribuna acciondemocratista desde donde Rómulo Betancourt, con sus famosos artículos fue catalizando las condiciones para el derrocamiento de Medina. De tal manera que en los diez años que siguieron a la muerte de Juan Vicente Gómez, caracas volvió a ser un agitado centro generador de ideas y luchas de sentido nacional.
1946 recibe el impacto del naciente gobierno cívico-militar presidido por el fundador de AD, que personalmente no consideramos “revolucionario” porque, si bien impulsó reformas importantes a nivel político, en lo económico y esencialmente en la relación explotados–explotadores no imprimió cambios reales, sino de forma, quedando inalterados los privilegios de las clases dominantes. La evolución posterior de la sociedad venezolana es evidencia suficiente de que continuó el predominio capitalista, la dependencia económica (reformulada siempre con nuevos mecanismos), la estigmatización del sentido nacional (aparte de cualquier chauvinismo) y el beneficio de las clases privilegiadas mientras se hablaba y habla de “pueblo”, “pobres”, etc.
1946 fue efervescencia permanente. Las condiciones políticas permitieron y exigieron la formación y el desarrollo de organizaciones obreras y profesionales. Una diáspora social y política impregnó a todos los venezolanos, a cada quien impacta en su óptica e impulsa en sus propósitos.

FRENTE A LA PLAZA BOLIVAR

Caracas comenzaba a recalentar sus músculos. Varios meses llevaba en Miraflores, Rómulo Betancourt presidiendo la Junta Revolucionaria de Gobierno, que además integraron Raúl Leoni (AD), Edmundo Fernández (Independiente), Luis Beltrán Prieto Figueroa (AD), y Gonzalo Barrios (AD), por la parte civil, y el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán Mario Ricardo Vargas, por la Unión Patriótica Militar, corriente castrense que motorizó y ejecutó el golpe contra el presidente Isaías Medina Angarita. Los tanques habían vuelto a los cuarteles y el tiempo había asfixiado las detonaciones de las balas que segaron algunas vidas de “medinistas” y también de “revolucionarios”.
La aceleración que vivió el país no dejó de impregnar al gremio de la prensa. A comienzos de marzo de 1946, se realizan los primeros movimientos para fundar el Sindicato Nacional de Periodistas (SNP), que once meses después cambiaria su denominación por la de Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa (SNTP), en busca de mayor base social dentro de las empresas y así poder enfrentar mejor a los patronos.
Sería impropio pensar que el acontecer político nacional no influyera como catalizador en los intentos de fundación del SNP, sobre todo si se toma en cuenta que la “revolución” de octubre de 1945 generó una gran ebullición social y política en todo el territorio, una de cuyas manifestaciones fue la fundación masiva de sindicatos, impulsada por las corrientes políticas de la época, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (de reciente legalización), y, claro, con gran interés y empeño, por parte de Acción Democrática, fuerza que se expandió y se transformó en partido gobernante gracias a la Unión Patriótica Militar que dirigían, entre otros, los oficiales jóvenes Carlos Delgado Chalbaud, Mario Ricardo Vargas, Julio César Vargas, Martín Márquez Añez, Hugo Fuentes, Edito Ramírez, Horacio López Conde, Luis Felipe Llovera Páez, Francisco Gutiérrez y Marcos Pérez Jiménez, cuya mayoría luego consumaría el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948, deshaciéndose de AD para establecer la dictadura militar que estuvo vigente hasta enero de 1958.
Con el propósito de exponer lo más libremente posible, los criterios de varios de los fundadores del Sindicato, seguidamente daremos a conocer algunas versiones en relación a esa influencia política sobre la génesis del SNP. Servirán para discutir y analizar una época importante del gremio de la prensa, que no sólo periodístico, en un país donde el sindicalismo contemporáneo a partir de la muerte de Gómez o, como todos prefieren decir, con razón, “a partir del 36”, nace bajo la influencia ideológica de las corrientes políticas representadas en el Partido Comunista y en Acción Democrática, organización ésta que tuvo su antecedente inmediato en el Partido Democrático Nacional. El Sindicato Nacional del Periodistas no es una excepción: fundamentalmente fue ideado y construido por militantes de AD y del PCV, como veremos más adelante. En esa época, ya funcionaban además en Venezuela, Unión Republicana Democrática (URD) y el Partido Social Cristiano COPEI, que surgieron de la Cívicas Bolivarianas lopezcontreristas y del Partido Democrático Venezolano (PDN), adscrito al medinismo, organizándose como oposición derechista y liberal, respectivamente, al gobierno de AD.
Al respecto, Rafael Calderón, Secretario General–fundador del Sindicato Nacional de Periodistas, militante de AD y actualmente miembro del Tribunal Disciplinario Nacional del Colegio Nacional de Periodistas, sostiene que dieron los primeros pasos hacia la fundación de la organización “en los días iniciales de marzo (del 46), aprovechando, pues, la euforia que había, el entusiasmo que había a consecuencia de la `Revolución de Octubre´” . (4)
No obstante, otro fundador, Arístides Bastidas, militante del PCV y varias veces Secretario General del SNTP, afirma que “el Sindicato no nace sólo porque haya habido ambiente de libertades. En la época de Medina se gozaba aquí de libertad sindical; fue sumamente liberal, entre otras cosas, porque la gente aquí estaba identificada, de diferentes sectores, en la lucha contra el nazifascimo, que era el objetivo principal de las luchas políticas de esa época.” (1)
En todo caso, Venezuela se venia moviendo en una progresiva ruta democratizante y, si se quiere, de avanzada, por influencia de la situación política del mundo que acababa de sufrir la tragedia horrible de la Segunda Guerra Mundial, que prácticamente logró poner al resto de los países contra el eje Italia-Alemania-Japón, que por motivaciones imperialistas habían decidido pretender una nueva repartición del mundo. También influyó antes, en buena medida, la Guerra Civil Española, dominada por el franquismo, esa forma sui generis de fascismo que sepultó a la “República Española”.
Omar Pérez, fundador como sus colegas, adeco como el primero y dirigente del Colegio Nacional de Periodistas, concreta más esa influencia y le asigna nombre y apellido:
-Ese criterio (de fundar el SNP) contribuyó a ampliarlo la circunstancia de que al Ministerio del Trabajo llega Raúl Leoni, que había sido prácticamente una especie de investigador de las organizaciones sindicales; él hizo los estatutos de la CTV, él fue consejero, consultor jurídico, abogado y estimulador de la Federación de Trabajadores Petroleros, FEDEPETROL... Bueno, entonces, claro, cuando él llega al Ministerio del Trabajo aúpa realmente la creación de los sindicatos como fuerza fundamental de Venezuela, distinta de los grupos que aquí habían sido siempre fuerza... (19)
Por su parte, Claudio Cedeño, también fundador y Secretario General del Sindicato durante dos períodos, militante del PCV en la época, coincide con Bastidas y defiende la paternidad política del SNP para el PCV y AD, según testimonios en entrevista, una de cuyas partes transcribimos:
-¿Qué ligazón –se le pregunta a CC– tuvo el nacimiento del Sindicato con el florecimiento del movimiento sindical en el plano nacional?
-Para esa época –responde él– los sindicatos eran una entidad desarrollada. El Sindicato se funda en una época en que eso era perfectamente posible. Quizá, no había libertades, posiblemente, en el régimen de López Contreras. Con Medina sí las hubo, pero en esa época, 1946, ya las organizaciones sindicales estaban altamente desarrolladas en el país.
-¿Tuvo relación el Sindicato con el gobierno de Betancourt?
-No, no. Nada de eso. Eso fue un movimiento verdaderamente de gente del Partido (Comunista de Venezuela) y de los adecos que también estaban asalariados... (4)
En definitiva, en la motivación contextual para la fundación del SNP, la de naturaleza política, es innegable. Ahora, que sea más adeca que comunista o viceversa, es cuestión de subjetividad irremediable por la pasión que a cada quien embarga, y más aún a quienes fueron actores de un momento histórico, en este caso, del gremio de la prensa. Por lo demás no se trata de asignar, ahora, créditos políticos a nadie en particular, sino de ubicar las colaterales del nacimiento del Sindicato, y basta con saber que su fundación estuvo impregnada de elementos políticos e ideológicos, que se manifestaron en pugna desde el comienzo mismo, claro, en ambiente de camarería profesional que siempre en el gremio periodístico ha hecho palidecer los enfrentamientos político-partidistas.

LOS ANTECEDENTES

Desde el punto de vista puramente gremial, el Sindicato Nacional de Periodistas tiene como antecedentes importantes, la Asociación de Escritores y Periodistas, fundada el 29 de diciembre de 1935, recién fallecido Gómez, organización que en sus primeros pronunciamientos exigió “una amplia libertad de prensa”; “un sindicato de periodistas, de vida muy breve y actividades sin mayor trascendencia”, fundado en 1936; y la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), constituida el 20 de agosto de 1941 con el propósito de lucha por “la defensa y mejora del Estatuto jurídico-económico, moral y social de los periodistas venezolanos y extranjeros que efectivamente trabajen en los periódicos de Venezuela, fuera de toda diferencia política o religiosa”, que tuvo su “Junta Directiva Provisional” integrada por Pascual Venegas Filardo, presidente; Luis Esteban Rey, secretario general; Manuel B. Pocaterra, Pedro Chacín Chacín, Ángel C. Mejías, Julio Ramos y Miguel Otero Silva, como sus otros miembros. (7)
Para el momento, circulaban en Caracas los diarios La Religión, La Esfera, El Universal, El Heraldo y Ahora, y los semanarios humorísticos Fantoches y El Morrocoy Azul. A éstos se une más tarde el tabloide Ultimas Noticias, el 16 de septiembre de 1941, fundado y dirigido por Kotepa Delgado, Pedro Beroes, Víctor Simone D´Lima y Vogan Salas Lozada, quienes prácticamente introdujeron las técnicas modernas del periodismo en Venezuela y, además, con sus reporteros, fueron protagonistas del primer periodismo realmente popular que se produce en el país.
En 1942 se celebra por primera vez el “Día del Periodista”, el 24 de octubre, aniversario de la aparición de la Gaceta de Caracas, en 1808. Homenaje impropio, debido a que ese vocero colonial sirvió de soporte a las ideas monárquicas contra la causa independentista, y a partir del comienzo de la lucha anticolonialista frente a España y la imposición de los patriotas por primera vez, de acuerdo a la relación de poder, se fue colocando alternativamente como tribuna patriota y como “Gaceta” realista. No es por otra razón que desde El Correo del Orinoco, nuestros libertadores a partir del sábado 27 de junio de 1818, enfrentan duramente a esa publicación que jugaba a la intriga, la desinformación y la manipulación de informaciones para desnaturalizar las luchas liberadoras. (6)
Al año siguiente –1943– aparece el diario El Nacional, el 3 de agosto, y el 24 de octubre se reúne en Caracas el Primer Congreso Venezolano de Periodistas, instalado por el presidente Isaías Medina Angarita, quien expuso claramente su política abierta a la libertad de información. En el Teatro Municipal, esa noche los asistentes al acto escucharon al Jefe del Estado. Sus ideas centrales sobre el particular, fueron:
-A medida que un país va reafirmando sus principios de dignidad, la función de la empresa adquiere mayor importancia, porque va difundiendo en ambientes de mejor comprensión las ideas que proclama. Elemento de cultura indiscutible es un periódico, cuando efectivamente cumple, dentro de los cánones de la ética periodística, su misión de enseñanza, orientación e información.
-Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema dirección me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener la garantía constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar de que a su ejercicio cabal no se opongan trabas. Mis más íntimas convicciones, mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente de que en el país exista un clima propicio a la libre discusión de los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros y permanentes destinos de la Nación Venezolana, me impulsan a declarar nuevamente en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa, una norma inalterable durante mi mandato constitucional.
-Tengo la más firme convicción de que el ejercicio de nuestros derechos constitucionales debe contribuir al mejor entendimiento y al respeto recíproco entre los hombres que vivimos al amparo de nuestra bandera y de nuestras leyes. Pretender unificar el pensamiento de rodos los venezolanos en las mismas teorías políticas, sociales o económicas, seria un absurdo, porque si ello se lograra, indicaría la falta de vitalidad en un pueblo de noble índole pero de inquieto espíritu, que no puede adaptarse a una uniformidad incompatible con anhelos de renovación y perfeccionamiento: pero sí existen postulados y objetivos de interés publico sobre los cuales la armonía de las fuerzas sociales y el acuerdo de las inteligencias pueden hacerse y, para bien de la Patria, cada día más se están haciendo. (7:64).
Según refiere Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes, el temario del Congreso fue bastante amplio, iba desde cuestiones éticas hasta una casa para los periodistas, y en él estuvieron representados colegas “de casi todos los periódicos que entonces se editaban en el país”. Entre sus resoluciones, fijaron posición sobre la libertad de expresión, solicitaron la derogación de la norma constitucional de neto corte macartista que prohibía la ideología marxista y la militancia política en organizaciones de esa importante corriente ideológica.
Desde su fundación, la AVP sirvió como organización político-gremial de innegables meritos, enfrentando las políticas gubernamentales o herencias antidemocráticas, luchando por la elevación de la calidad profesional de los periodistas y por lograr una mejor ubicación en la estructura de la sociedad y el justo reconocimiento y valoración de la profesión.

LA AVP Y LA NECESIDAD DEL SINDICATO

Sin embargo, los periodistas no estaban satisfechos con el alcance de la AVP, dado que en poco contribuía a mejorar realmente las condiciones de trabajo, remuneración, situación socio-económica y relaciones dentro de las empresas. Por aquellos años, cuando los periódicos llegaban a las manos de los lectores a una puya, los sueldos eran realmente irrisorios, iban desde los 80 bolívares más un centavo por centímetro/columna publicado, hasta cerca de trescientos bolívares mensuales; horario de trabajo prácticamente no existía; elementos actuales como pago de movilización o suministro, por parte de las empresas, de transporte adecuado, simplemente no se conocían. El periodismo, en cierta forma era una aventura literaria, política o vital, según el caso de los que se atrevían a trabajar el diarismo. Bastaba manejar suficientemente el castellano, llevar en su espíritu la vocación y ser lo necesariamente audaz como para llegar del interior con el bachillerato aprobado o en plan de audacia para entrar a una redacción. Por supuesto, muchos saltaban la verja del campo literario hacia el informativo, y otros venían de estar ligados al periodismo de provincia de entonces, que poco tenía que ver con el periodismo moderno que comenzó a desarrollarse en Venezuela a partir de 1941.
En torno al nacimiento del Sindicato Nacional de Periodistas existe todavía una polémica, relativa a si su origen fue estimulado por la Asociación Venezolana de Periodistas o se dio en forma autónoma y contra el criterio de los dirigentes de la AVP.
Todo indica que fue lo segundo. Los testimonios de varios fundadores del Sindicato son terminantes, y algunos otros elementos son demostrativos de lo que afirmamos.
El primer criterio es recogido por Eleazar Díaz Rangel en los Apuntes que veníamos citando por la importante información que suministra. Así, escribe:
“En la continuación de su política de crear organismos que lucharan por especificas reivindicaciones, la AVP propicio a comienzos de año algunos contactos con el objeto de fundar un Sindicato. El 7 de marzo (1946) se realiza, convocada por la AVP, una reunión donde se elige a Luis Evaristo Ramírez, Martín Ernesto González y Rafael Calderón para que redactaran los Estatutos. Esa comisión trabajo en breve tiempo, y el 11 del mismo mes hubo una asamblea en el local de la Asociación de Linotipistas para aprobar los Estatutos, como en efecto se hizo, y elegir la primera Junta Directiva.” (7:23)
Esa reunión de los pioneros del SNP , el 7 de marzo de 1946, la registra una nota que con título a tres columnas, en cabeza de página, publicó El Nacional, el viernes 8:

“HACIA LA CONSTITUCIÓN
DEL SINDICATO DE PERIODISTAS”
“Con asistencia de la mayoría de los reporteros y redactores de los diarios de la capital – reseña la nota – se efectuó, ayer, en el local de la Asociación de Linotipistas, la asamblea del Sindicato de Periodistas, que desde hace tiempo venia preparándose.
“Después de las exposiciones preliminares, la discusión previa se canalizó en dos sentidos: si el Sindicato debe agrupar únicamente a los redactores y reporteros de textos y gráficos de los periódicos, sin eliminar la posibilidad futura de una Federación de Trabajadores de la Prensa, comprendiendo linotipistas y gráficos, o si ésta aglutinación debía intentarse previamente con el fin de cread un Sindicato Único de Trabajadores de la Prensa, con los linotipistas y la Asociación de Artes Gráficas. Después de varias intervenciones, triunfó la primera posición, sostenida por mayoría.
“Posteriormente se procedió a nombrar una comisión integrada por Martín Ernesto González, Luis Evaristo Ramírez y Rafael Calderón, que se encargará de presentar, en próxima reunión, un proyecto de estatutos, que al ser aprobados, se introducirán ante las autoridades del Trabajo. Con el acta constitutiva para la legalización definitiva del Sindicato.
“Un gran ambiente encontró la idea, que al parecer cristalizará luego de varias tentativas frustradas, y que dará a los trabajadores de la prensa un organismo de lucha específica por el mejoramiento de sus condiciones económicas y materiales. La próxima reunión se hará probablemente, el sábado en la mañana.” (Subrayados nuestros)
Acompaña a esa información una foto a tres col., con una leyenda que registra “parte de la concurrencia que asistió a la reunión preparatoria del Sindicato de Periodistas.”
Como se puede observar, por ninguna parte aparece en esa reseña del acto, la Asociación Venezolana de Periodistas. Y no es casual. El Universal también recoge el hecho, aunque sin grafica, con muchas más revelaciones, que evidencian la existencia de diferencias entre los organizadores del SNP y, por lo menos, los directivos de la AVP:

“AYER FUE CONSTITUIDO EN ESTA CIUDAD
EL SINDICATO DE PERIODISTAS ACTIVOS”
“Como resultado de la convocatoria firmada por un grupo numeroso de periodistas activos que presta sus servicios en diferentes diarios capitalinos –comienza la información que sigue al titulo-, se constituyó ayer en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, el Sindicato Nacional de Periodistas, organismo que tiene por finalidad principal abogar por la defensa de los intereses económicos y sociales de los profesionales del periodismo.
“Ante una concurrencia de más de cincuenta periodistas, el señor Rafael Calderón, expuso el móvil de la reunión, el propósito perseguido por los trabajadores del diarismo y la aspiración y anhelo de construir un sindicato. Dijo que muchas tentativas se habían frustrado en ese sentido, pero dado el entusiasmo reinante en la reunión de ayer, la oportunidad era propicia para realizar lo que es un anhelo de todos los periodistas activos.
“A las palabras de Calderón siguió la disertación del señor Raúl Agudo Freites, enfocando diversos puntos en relación con la cuestión planteada, entre los cuales subrayó la referente a las relaciones o posición del Sindicato frente a la Asociación Venezolana de Periodistas. Este aspecto fue puesto en claro más adelante, poniéndose de presente que no se trataba de crear un organismo de fracción de la A.V.P., sino de una organización de características definidas y atribuciones especificas para lograr mejoras económicas y sociales de los periodistas profesionales.”
“A pedido de una mayoría, Agudo Freites concretó su disertación en una proposición de que el Sindicato estuviera integrado por los trabajadores de la Prensa en general, incluyendo linotipistas, empleados de administración, etc. Puesta en discusión esta proposición, se expresaron muchas opiniones diferentes, sustentándose la tesis de que se trataba de periodistas, esto es, de redactores, reporteros, fotógrafos y colaboradores regulares remunerados, pues los demás trabajadores de la prensa ya estaban organizados. Los empleados de administración tienen su organismo especifico: La Asociación Nacional de Empleados; los linotipistas tienen su sindicato y también los pregoneros están organizados.”

(Como se ve los periodistas estaban rezagados desde el punto de vista sindical, en relación al resto de los trabajadores de la prensa, aunque ya la AVP tenía cinco años de vida).

“Luego surgió la proposición de Rafael Calderón –continua la nota de El Universal-, que concretamente expresaba: Que quede de una vez constituido el Sindicato con periodistas activos (redactores, reporteros, columnistas, etc.) reporteros gráficos y colaboradores regulares remunerados.
Continúa en SNTP (II)
 
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