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Poder en faldas…
la “feminización universitaria”
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MAGDALENA VALDIVIESO, directora del Centro de Estudios de la Mujer de la UCV.
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ROSAURA SIERRA, politóloga egresada de la ULA, con maestría en planificación del desarrollo y candidata a PHD en política.
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MERCEDES PULIDO DE BRICEÑO, directora de la revista Sic y profesora en UCAB, UCV y USB.
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• Por feminización se entiende una mayor participación de las mujeres tanto en las matrículas como en los egresos de las instituciones de educación superior… un fenómeno que está pasando a nivel latinoamericano, y en Venezuela destaca con mayor intensidad
VIOLETA DEL PORTILLO
violetadelp@yahoo.com
Fotos: EDGARDO “YAYO” AGÜERO
La rebelión de la mujer venezolana contra la sumisión castradora que, durante siglos, le infligió la sociedad patriarcal pareciera estar llegando a su fin, al menos en Venezuela, toda vez que, desde que asistiera al despertar de su conciencia sobre su propio valor, ya a finales de la primera mitad del siglo XX, ha iniciado un rápido ascenso hacia la conquista de espacios públicos que otrora tenía vedados. Aún queda camino por recorrer en esa lucha desenfadada contra la marginación; pero, en la actualidad, puede regodearse de sus triunfos, que no son pocos. Entre éstos destaca el dominio sobre el terreno de la educación superior, en donde cada vez es más notoria su participación, superando, incluso, a la población masculina, en las universidades e institutos tecnológicos, lo que da cuenta, también, de su extraordinaria agudeza, puesto que ha sabido reconocer que en la búsqueda y adquisición del conocimiento se encuentra el trampolín que la puede llevar a pisar esferas de poder.
SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela entrevistó a tres destacadas profesionales especializadas en el tema de lo femenino, para conocer sus impresiones acerca de la participación de la mujer en la educación superior: Magdalena Valdivieso, doctora en ciencias políticas, licenciada en administración pública, títulos que obtuvo en la Universidad de Chile, y directora del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad Central de Venezuela; Mercedes Pulido de Briceño, psicóloga social con especialización en psicología social y pedagógica, ex ministra de la Familia, directora de la revista Sic y profesora de las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar; y Rosaura Sierra, politóloga egresada de la Universidad de los Andes, con maestría en planificación del desarrollo, candidata a PHD en política y especialista en planificación y desarrollo.
Carrera hacia su liberación
A finales de la década de los 60 del siglo XX, la revolución estudiantil y el descubrimiento de la píldora llevan a una cierta movilización y a un cambio de percepción de la juventud frente al mundo, en general; y, en particular, las mujeres adquieren una concienciación de su rol con respecto a la sociedad. En ese momento, explica Rosaura Sierra, las mujeres se “empoderaron”. En el caso específico de Venezuela, este proceso de emersión de la mujer fue favorecido por el hecho de que el Estado institucionalizó, a partir del establecimiento del sistema democrático, la gratuidad de la enseñanza de la educación superior para toda la población. Debido a ello tanto hombres como mujeres ingresaron en mayor medida, a partir de los setenta, a las instituciones de educación superior universitarias y no universitarias.
Para Mercedes Pulido de Briceño, otros tres elementos, de los cuales dos ya habían sembrado el germen, un par de décadas antes, propiciaron la salida de la mujer de la rutinaria vida doméstica: la aparición de la “quincena como pago”, el “suiche del carro” y, posteriormente, la planificación familiar. “La quincena como pago surge con la penetración de la industria petrolera que comenzó a organizar los salarios, por lo que la mujer pudo planificar su presupuesto familiar, lo que le permitió ahorrar. El segundo elemento, el suiche del carro, le dio movilidad; gracias a esa movilidad la mujer empezó a adentrarse en el mundo del conocimiento. Eso ocurrió a finales de los 40 y principios de los 50”. El tercer elemento, es la posibilidad de planificar su familia, lo cual alude a la aparición de la píldora, lo que le proporciona, a su vez, el poder planear su vida profesional. Gracias a la influencia decisiva de estos factores la mujer logra darle un duro golpe al patriarcado, cuyo dominio había estado supeditado a la imposibilidad de la mujer de valerse por sí misma en la sociedad.
Refiere Rosaura Sierra que a partir 1985 (Cuadro número 1), las mujeres se matriculan, en mayor medida que los hombres, en las instituciones universitarias y no universitarias; y, a partir de ese mismo año, se observa que las mujeres están egresando en mayor cantidad que los hombres (Cuadro número 2). Además del empoderamiento, de la percepción de sus capacidades y de la valoración de sí mismas, la incursión de la mujer al ámbito de la educación superior tuvo que ver, también, con la crisis económica. “Podemos decir que, en este proceso hay dos etapas: en un primer momento, en el contexto del boom petrolero de los años 70, más mujeres ingresan al mundo académico porque, se están integrando a una economía que está en expansión. Posteriormente, a finales de los 80, cuando la economía venezolana entra en crisis, ocurre la incorporación masiva de la mujer tanto al mundo de la educación como del trabajo en respuesta a esa contingencia de la crisis que hace que las mujeres estudien más y que, por supuesto, se inserten más al mercado laboral”, explica Sierra.
¿Qué estudian las mujeres?
En la actualidad, la mujer ha explorado todos los campos del saber y en todos ha hecho una participación destacada demostrando, abiertamente, sus capacidades incluso en aquellas carreras que se consideran difíciles y son escogidas comúnmente por hombres, vale decir, ingeniería, arquitectura, entre otros.
Rosaura Sierra, quien ha hecho estudios de investigación sobre la participación de la mujer venezolana en las instituciones de educación superior a nivel del ingreso, de lo que estudian y del egreso, sostiene que aún cuando haya mujeres en todas las carreras universitarias y técnicas, la mayoría se inscribe en aquellas que se consideran tradicionalmente femeninas.
Carreras “de extensión”
Estas áreas del conocimiento preferidas por las mujeres están inscritas dentro de las Ciencias Sociales, Ciencias de la Educación y Ciencias de la Salud. Explica la investigadora que, a partir de los 70 se observa la inscripción de las féminas en este tipo de carreras y, al parecer, el fenómeno responde, supuestamente, a que la mujer proyecta en el espacio público el mundo íntimo o privado. Es decir que, por su propia naturaleza, la vocación de servicio de la mujer se exterioriza estudiando carreras que le permitan educar, cuidar, etc. No obstante, asevera Sierra que habría que profundizar en torno a si la escogencia de las carreras en las mujeres se da por una proyección de lo íntimo o hay una libertad más allá de lo que está asociado a lo privado. La directora del Centro de Estudios de la Mujer, Magdalena Valdivieso, llama estas carreras “de extensión”: “De extensión del trabajo doméstico. Del trabajo que veníamos haciendo tradicionalmente en la sociedad”
Curiosamente, se observa que, en el caso de los hombres venezolanos, éstos también ingresan y egresan más de carreras como ingeniería, arquitectura, tecnología o de las relativas al agro y al mar. Sin embargo, los hombres también ingresan en Ciencias Sociales, en buena medida. De ahí que Sierra sugiera una investigación profunda sobre la escogencia profesional porque, al parecer, no solamente hay una condición social o una construcción social de género con respecto a la escogencia de la carrera, en donde el hombre se posesiona frente al mundo de una manera diferente a las mujeres y viceversa, sino que también están operando otros factores: “En este caso, el mercado laboral en un contexto de globalización o en un contexto de reestructuración económica, como la ocurrida a nivel mundial y también en Venezuela, a partir de los 80, está demandando otro tipo de carreras. Es diferente el tipo de carreras que demanda en este momento, así como también lo es el tipo de trabajo que se ofrece. Hoy en día, el empleo es mayormente desprotegido, y la calificación profesional es algo que pesa tanto… ha habido como una pérdida de valor de la calificación académica en el sentido del título universitario. ¿Cómo se ve esto empíricamente? Cuando decía que la escogencia de la carrera de hombres y mujeres se va a ciencias sociales es porque la economía actual venezolana y el sector servicio de la economía venezolana están demandando un mayor número de egresados que se inserten en ese tipo de trabajo. Los grandes oferentes de este tipo de carreras, que son de corta duración, digamos tres años, en donde obtienes un título de TSU, son las instituciones no universitarias; y especialmente las instituciones no universitarias privadas; en este momento, esas instituciones están ofertando un mayor número de carreras en esas áreas que el mercado laboral y sector servicio de la economía están demandando. Esto hace que tanto hombres como mujeres se están insertando en muchísimo mayor número a las instituciones no universitarias, y especialmente a las privadas. Esto está indicando, además, que más allá de la construcción social de género, también los elementos asociados al mercado están perfilando una demanda laboral y hacia allá se dirigen hombres y mujeres, sobre todo en un contexto de crisis”.
Además de las carreras de corta duración que ofrecen instituciones no universitarias, están las carreras consideradas tradicionalmente masculinas en las que se observa de manera cada vez más notable, una ascendente participación femenina. En el caso venezolano, entre 1985 y 2001 hubo un aumento considerable del ingreso de mujeres a las carreras asociadas a ingeniería, arquitectura y tecnología: del total de mujeres que se matricularon en 1985, un 10.6% escogieron ingeniería, arquitectura y tecnología; pero si miramos la situación 16 años después, en el 2001, la situación cambia totalmente; un 22% de todas las mujeres que se inscribieron escogieron arquitectura, ingeniería y tecnología, lo que quiere decir que las mujeres estás asumiendo espacios que habían sido asociados tradicionalmente con el predominio masculino, lo cual alude al “empoderamiento” de las féminas.
Más profesionales… menos ocupadas
En un principio, la incorporación de la mujer al mercado laboral fue vista como de incorporación de una fuerza de trabajo secundaria, de apoyo al ingreso familiar que lo proveía fundamentalmente el hombre. Con el tiempo se reconocerá que la incorporación de la mujer tanto a la educación superior como al mercado laboral no es un fenómeno coyuntural ni una estrategia frente a la crisis para tener un apoyo al ingreso familiar, sino que ya es un fenómeno permanente. “La incorporación, entonces, empieza a verse en el contexto de la valorización de la condición femenina tanto por las mujeres mismas como por la sociedad en general”, destaca Sierra.
A propósito de la incursión de la mujer al ámbito laboral, asevera Magdalena Valdivieso que las mujeres siempre estuvieron incorporadas a la economía del país porque el trabajo que se realiza en la casa permite la reproducción de las condiciones para la producción. “Vale decir que, sin el trabajo que las amas de casa realizamos, en doble jornada, triple jornada, única jornada, no habría posibilidad alguna de funcionamiento del aparato productivo de lo que llaman producción económica. Entonces, las mujeres siempre estuvimos en el trabajo reproductivo, lo seguimos estando y, ahora, también en el productivo”.
Hay que hacer notar que no es en el área de la educación superior sino en la laboral, donde se observa la inequidad de género. En 1999, por ejemplo, la matrícula femenina en educación superior era casi de un 60 por ciento. No obstante, a pesar de que más mujeres que hombres egresan de las instituciones universitarias, la tasa de desocupación de la mujer venezolana con estudios universitarios es mucho más alta que la de desocupación de los hombres con estudios universitarios. Eso da cuenta de que en el mercado laboral están operando factores de discriminación, que no permiten a las mujeres tener igualdad en el acceso a un trabajo bien remunerado y protegido.
De los estudios realizados por Rosaura Sierra se desprende que entre 1981 y 1990 aumenta la tasa de actividad femenina, pero, también, la desocupación. Entre 1990 y 2000 esta tendencia se profundiza como consecuencia de la aplicación de los programas de ajuste estructural. “El crecimiento absoluto de la fuerza de trabajo y la ocupación femenina con estudios superiores va acompañado por un incremento sustancial de la tasa específica de desocupación, la cual es mayor que la masculina durante todo el período y muestra una tendencia al aumento. Además, hasta 1990, la tasa de desocupación de las mujeres con estudios superiores era menor que la tasa de desocupación femenina general, diez años más tarde se iguala en 14%”.
“La tasa de actividad femenina ha aumentado de 22,6% en 1971, a 52,5% en el 2001, al tiempo que la desocupación femenina se ha elevado de 3,9% en 1971 a 14,6% en el 2001. El comportamiento de la fuerza de trabajo femenina con estudios universitarios sigue esta misma tendencia. La tasa específica de actividad para este grupo es de 49,2% en 1970 y 72,4 en el año 2001, sin embargo la tasa específica de desocupación femenina es más alta que la masculina en todos los años estudiados”, indica Sierra.
Mejores condiciones masculinas
Para la investigadora factores como el estado civil, número de hijos o doble jornada podrían influir en la contratación y en la exclusión de las mujeres, mientras que los hombres estarían en mejores condiciones para insertarse laboralmente.
“Trabajo protegido”… mayoría femenina
Como dato curioso destaca Rosaura Sierra que, en la actualidad, las mujeres venezolanas, en su mayoría, están ocupándose en el sector público y ello responde a su condición de “trabajo protegido”. Refiere que hace treinta años, el setenta por ciento de los empleados en el sector público eran hombres y un treinta por ciento, mujeres. Pero ya en el 2001, se registraba lo contrario: de los empleados en el sector público, un setenta por ciento eran mujeres; y un treinta por ciento, hombres. Ello también responde, al hecho de que las mujeres prefieren un tipo de trabajo donde la disciplina laboral sea más flexible, menos rígida y les permita compaginar los roles de mujer, madre y esposa con el de trabajadora asegurada (HCM, Seguro Social, etc.) con disfrute de vacaciones remuneradas y bonos de fin de año, etc., lo que no abunda en el sector privado.
¿Feminización es igual a minimización?
Por feminización se entiende una mayor participación de las mujeres tanto en las matrículas como en los egresos de las instituciones de educación superior. Este es un fenómeno que está pasando a nivel latinoamericano y, en Venezuela, destaca con mayor intensidad.
No obstante, señala Magdalena Valdivieso que cuando las carreras se feminizan pierden valor en el mercado. Ocurre como un proceso doble: por un lado, las profesiones se fueron feminizando en la primera etapa como trabajos de extensión. Luego, las mujeres entran en todas las profesiones y se da el proceso de la feminización que implica desvalorización en el mercado profesional. “Así funciona el patriarcado, así funciona, lamentablemente, la inequidad de género. Hay carreras que han sido más duras, por ejemplo, ingeniería metálica o ingeniería metalúrgica; en cambio, la odontología ha sido una profesión muy abierta para las mujeres. En ciencias políticas hay menos número de mujeres. Pero, en general, las mujeres preferimos no hablar de carreras duras sino de espacios en los cuales tenemos la necesidad de incorporarnos. Todo lo que tiene que ver con finanzas y con la toma de decisiones son espacios más difíciles de acceder por parte de las mujeres. Es más, todavía se dice que estamos invadiendo terrenos tradicionalmente masculinos”.
¿Igualdad, sin paridad política?
-El término de invasión empleado en este contexto –explica esta investigadora-, tiene que ver con la idea de considerarnos a nosotras diferentes. Como si estuviéramos adjudicándonos unas tareas que no nos corresponde por naturaleza. Sigue presente en nuestras mentes, que hay áreas de suyo masculinas y resulta que las primeras mujeres que se graduaron en la Universidad Central de Venezuela, fueron de agrimensoras. Entonces, ¿de dónde sacan que agronomía y veterinaria son carreras de hombres? No hay profesiones para hombres y para mujeres, hay modos de ejercer las profesiones.
Sostiene la directora del CEM, por ejemplo, que la educación superior no ha sido el camino para lograr la igualdad política con el hombre. Según ella no existe correspondencia entre el nivel de formación que ha logrado la mujer en Venezuela y la presencia de éstas en los niveles de toma de decisiones. “Casualmente, ahora tenemos una presidenta de Fedecámaras. Mientras eso se siga mostrando como una excepcionalidad es que no estamos en condiciones de paridad, que es lo que estamos intentando conseguir en estos momentos para las próximas elecciones”.
Sobre el tema de la feminización, Mercedes Pulido de Briceño sostiene que más que “feminización” lo que hay es modificación del enfoque. La mujer tiende a poder realizar varias actividades al mismo tiempo porque tiene mayor socialización; lo cual lleva a una curiosidad mayor. Esa curiosidad mayor en las carreras tiende a reflejarse en la búsqueda de conocimiento más diversificado. “Pero, también se habla de feminización en el sentido de que todavía sigue siendo muy bajo el número de profesionales egresadas que continúan educación de tercer y cuarto grado y que se dedican, en su vida, a un continuo profesional. Todavía hay muchas que empiezan y abandonan. Cuando se habla de feminización de las carreras también se refiere a que son carreras que no van a tener el relevo necesario. Es decir, que el término, trae implícito una connotación peyorativa; pero, esto no solo se ve en la educación superior: tú le pagas más a un peluquero que a una peluquera”, refiere Pulido.
Discriminación… en menor proporción
El tema de la discriminación de la mujer sigue estando presente aunque en menor proporción. Refiere Pulido que, por ejemplo, en el área de la investigación existe la “rémora de todos los tabúes”. Hoy en día, difícilmente reconocen a la mujer como jefa de equipo. “Pero, eso también está en función de la escogencia de la mujer. La tendencia en la mujer es a una investigación sistemática que le permita controlar tanto vida familiar como profesional. Lo tengo muy claro: en las Naciones Unidas, el cuerpo directivo, los mandos de decisión, tenían siempre muchísimo menos mujeres debido a que éstas no estaban dispuestas a sacrificar su vida familiar por mantenerse en cargos que exigen una competitividad muy alta. Ahí hay lo que se llama el muro de cristal, un muro que no acabas de ver. Incluso, uno de los puntos esenciales son los servicios a la familia. La mujer necesita servicios a la familia para poder tener ella capacidad de escogencia”.
Rosaura Sierra expresa su preocupación por la pretendida desvalorización que se ha querido hacer de las carreras a las que ingresan mayormente mujeres. En este sentido, recomienda a la población femenina tener cuidado respecto del discurso alrededor de lo que ésta considera como tradicionalmente femenino porque se está concibiendo como peyorativo, secundario, o menos importante que lo tradicionalmente masculino.
-Es importante destacar –afirma- que las carreras asociadas a las ciencias sociales, como sociología, o a ciencias de la salud, por contener mayoría de mujeres y tener matricula mayormente femenina, no deben asumirse como que son menos importantes. La idea no es que más mujeres estudien ingeniería, arquitectura y veterinaria sino que pese más la libertad de las mujeres y menos la construcción social de lo femenino y lo masculino, a la hora de escoger una carrera. Lo que hay que discutir es la construcción social de lo femenino y de lo masculino, y cambiar el discurso alrededor de este tema y no considerar la condición de área de conocimiento como femenina o masculina, porque eso contribuye a convertir en secundario lo que las mujeres estudiamos en su mayoría.
Lenguaje inclusivo
-El lenguaje nombra, visibiliza, otorga poder y coloca a la mujer en relación con las situaciones en las cuales ella está en la sociedad. En este sentido, el lenguaje es más que una costumbre social de cómo se comunican los seres humanos.
Concientes del poder del lenguaje, el Centro de Estudios de la Mujer de la UCV logró hace dos años que en todos sus documentos, incluidos su títulos, se utilizara un lenguaje inclusivo. Explica Magdalena Valdivieso que esto no se ha cumplido en la práctica: “Nosotras entendemos que esto no se decreta. Esto es un proceso como son todos los procesos de creación de símbolos y de significados en las sociedades; pero estamos empeñadas en hacerlo realidad. Por ejemplo, ahora tenemos unos talleres a los cuales hemos invitado a todas las secretarias y secretarios de los Consejos de Facultad y Consejos de Escuela porque sabemos que pueden ser unos excelentes aliados y aliadas en esto de hablar con un lenguaje inclusivo”.
Títulos femeninos y masculinos
-También –informó MV-, seguimos insistiendo ante las autoridades para que agilicen los trámites que tienen que realizar ante el CNU de manera que los títulos salgan correspondientes al sexo de quien lo reciba. Consideramos que esto es un avance y esperamos que otras universidades también lo hagan.
Para Valdivieso, la educación superior ha sido una palanca para el logro de otras conquistas; pero aún queda camino por recorrer ya que, según ella, no se trata solo de alcanzar títulos universitarios sino, también, de conquistar un espacio en la universidad que permita la producción de conocimiento y de investigación desde una perspectiva de género. “Eso significa, por ejemplo, que los temas a investigar sean los que nos interesa desde la perspectiva de las mujeres. Que el conocimiento también se produzca desde una perspectiva que no sea la dominante, que es una perspectiva patriarcal, una perspectiva que nos ha mostrado un modo de vivir que ha sido profundamente escindido, dividido entre lo que es relevante y lo que no lo es. Es decir, la presencia de las mujeres en la universidad tiene que traducirse en una feminización también del conocimiento, una feminización de las relaciones al interior de la academia. Las mujeres no podemos solo acceder para reproducir lo que encontramos. Las mujeres tenemos que acceder para transformar lo que encontramos, lo cual ha sido construido desde el punto de vista de una sociedad masculina, para rehacerlo de acuerdo a un punto de vista que nos represente a nosotras también”.
Paridad y alternabilidad
en cargos de representación
El pasado mes de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer, el Centro de Estudios de la Mujer decidió enviarle una correspondencia al presidente del Consejo Nacional Electoral, Jorge Rodríguez, y a todos sus rectores y rectoras, exigiéndoles que cumplieran con el mandato constitucional e hicieran respetar la paridad y la alternabilidad en los cargos de representación.
Este hecho, considerado como un triunfo del Movimiento de Mujeres Unitario, formó parte de una acción que movilizó el Instituto Nacional de la Mujer, que preside María León, y que fue apoyado por las organizaciones de mujeres del estado Zulia, representadas por Élida Ponte.
Todo este esfuerzo fue sostenido con acciones continuas del Movimiento de Mujeres Unitario en las que también participaron diputadas de la Asamblea Nacional y mujeres de todos los partidos políticos del país, tanto de la oposición como del Gobierno. Como resultado el CNE sacó una resolución en la cual, considerando la situación de discriminación que viene observándose en relación con el número de mujeres postuladas por todas las organizaciones políticas, resolvió exigirle a los grupos de electores y partidos políticos el cumplimiento de la disposición constitucional de paridad y alternabilidad. En este sentido, todos los partidos políticos del país tienen que postular el mismo número de mujeres que de hombres en todas sus listas de lectores que lleven al CNE para cargos de representación.
Si bien el CNE ha dictado un decreto muy claro que favorece una participación más activa de la mujer en el ámbito político; hacer cumplir ese decreto dependerá de que las mujeres también presionen en el interior de sus propias organizaciones para que la misma se respete.
SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela
Nro. 2 - Caracas, Junio de 2005
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Avances y fragilidades de la mujer
marcan ejercicio del poder público
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Constatan retrocesos
durante los últimos años
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NATALIA BRANDLER es profesora y directora del Instituto de Altos Estudios de América Latina, de la Universidad Simón Bolívar.
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CARMEN ROSILLO, educadora con maestrías en Ciencias Políticas y en Educación Sexual, Terapia Sexual y Género, es fundadora del Centro de Formación y Atención de las Mujeres del Estado Mérida.
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MARÍA VICTORIA CANINO, socióloga, tiene maestría en Estudios Sociales de la Ciencia, es tesista del doctorado de Estudios Sociales de la Ciencia y profesora del IVIC y la UCV.
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Las investigadoras universitarias Natalia Brandler, Carmen Rosillo y María Victoria Canino analizan cómo ha sido la trayectoria de las féminas en los vericuetos de la política
VIOLETA DEL PORTILLO
violetadelp@yahoo.com
Fotos: Edgardo “Yayo” Agüero
Las mujeres salieron, definitivamente, del ámbito privado para conquistar el público y, al hacerlo, asumieron con estoicismo roles protagónicos que dieron al traste con aquellos viejos estereotipos de que éstas sólo tenían competencias para las labores del hogar. Durante los últimos años se disputaron con los hombres las decisiones en el Congreso de la República, y enfrentaron desde cargos ministeriales los retos que se les imponía develando una actitud natural para la batalla.
En los últimos veinticinco años la mujer logró, a través de su participación en el campo político, la reivindicación de muchos derechos, mereciendo, además, un justo reconocimiento a su valor y constancia.
SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela entrevistó a tres connotadas analistas de los roles de la mujer y su participación política: Natalia Brandler, licenciada y doctora en Ciencias Políticas, con master en Educación, especialista en temas electorales, profesora en la Universidad Simón Bolívar y directora del Instituto de Altos Estudios de América Latina, de la misma casa de estudios; Carmen Rosillo, licenciada en Educación, con Magister Scientiae en Ciencias Políticas y master en Educación Sexual, Terapia Sexual y Género. Profesora del Ciclo Diversificado Rómulo Gallegos, en Mérida, fundadora del Centro de Formación y Atención de las Mujeres del Estado Mérida y escritora de temas relacionados con la mujer; y María Victoria Canino, socióloga, con maestría en Estudios Sociales de la Ciencia, tesista del doctorado de Estudios Sociales de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigación Científica (IVIC), forma parte del Departamento de Estudios de la Ciencia del IVIC en donde es asistente asociado de investigación, profesora en la maestría del IVIC y en el Departamento de Método de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela.
Lastimoso retroceso
En Venezuela, las mujeres, dentro de los partidos políticos, han tenido una lucha muy fuerte para ser tomadas en cuenta. En la década de los 80, con el Año Internacional de la Mujer, 1985, se realizaron varias reuniones -inspiradas en la convocatoria por la ONU de la Conferencia Mundial sobre los Derechos de la Mujer, realizada en Beijing- que condujeron a la creación de una agenda común y consolidar un verdadero movimiento de mujeres dentro de los partidos políticos.
Durante esta época surgen varias iniciativas como, por ejemplo, la Comisión Bicameral de Asuntos de la Mujer del Congreso de la República, que agrupaba a parlamentarias integrantes del Senado y la Cámara de Diputados, de todos los partidos políticos, quienes se reunían para llegar a acuerdos conjuntos que, luego, eran planteados en sesiones del Congreso en forma unitaria, es decir, tratando de demostrar que los problemas de género van más allá de los ideológicos o partidistas. Esto trajo como consecuencia un reforzamiento de las secciones femeninas de los partidos políticos, una agenda unitaria y una mayor participación.
Explica Natalia Brandler que, por ejemplo, en el CEN de AD, de los años 80, se logró que hubiera algo que hoy en día se está discutiendo, que eran las cuotas, es decir, “vamos a tener un veinte por ciento de mujeres dentro de los órganos decisorios de los partidos y en algunos partidos fue más fuerte, pero todos lograron un avance en este sentido”.
-En las elecciones locales de 1984 y 1989, pero, especialmente en 1984, el porcentaje de mujeres aumentó en un 28 por ciento, dentro de las cámaras municipales. Es decir, que los cargos de elección aumentaron a unos niveles cercanos a un tercio. Uno de los argumentos que existen hoy día en torno a la participación de la mujer es que, a menos que se disponga de una fuerza política suficientemente grande, por ejemplo, un tercio de la Cámara, de mujeres que puedan presionar, hacer fuerza, para avanzar políticas de género, es muy difícil que se puedan adelantar políticas de género, es decir, políticas que favorezcan los intereses de las mujeres.
-En las elecciones de 1992, 1995 y 2000 se observa una disminución tanto del número de candidatas como del número de mujeres que han salido electas. Se podría pensar que con el discurso del Movimiento V República (MVR), de ser igualitarios, este partido tuviera un número más elevado de mujeres dentro de sus filas; pero, no ha sido así a pesar de que está dentro del lenguaje de muchas de sus militantes decir que, ahora, las mujeres tienen oportunidades dentro del MVR. Hay una serie de mujeres dentro del partido que hacen mucho ruido, lo cual no quiere decir que ellas adelanten políticas con enfoque de género. En realidad, estas mujeres lo que hacen es seguir las líneas del partido.
Para María Victoria Canino, desde 1958, la mayor representación de la mujer en el ámbito político a nivel de lo que es el poder legislativo llegó a ser del once por ciento y fue en 1998 cuando se puso en práctica el artículo 144 de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política, el cual establecía el sistema de cuotas en las listas de elegibles de los partidos políticos y grupos de electores. “No obstante, a pesar de que el treinta por ciento de los postulados fueron mujeres, éstas fueron ubicadas en puestos de poca presencia política y, en algunos casos, con ninguna posibilidad de alcanzar un espacio de relevancia”.
Carmen Rosillo considera que la participación política de la mujer en la democracia evidencia un reconocimiento y apoyo al régimen democrático. Sin embargo, su intervención se ha limitado al aspecto más pasivo como es el sufragio, lo cual se constata con la baja representatividad en los puestos de toma de decisiones.
“En la actualidad, refiere Canino, la representación de la mujer en distintas esferas del Gobierno sigue siendo deficitaria, por ejemplo, me preguntaba ¿qué ministras tenemos y en qué áreas?
Brandler comparte con Canino la idea de poca representación femenina actual en la política: “El porcentaje de mujeres en la Asamblea Nacional oscila, en estos momentos, en un once por ciento, aproximadamente. En general, en los parlamentos suele haber una proporción menor que en los gobiernos locales y asambleas regionales. La mujer está como más cerca de lo local, en donde puede atender a la familia y, al mismo tiempo, ocuparse de la política. Pero, de todas maneras, hay una experiencia de mujeres en posiciones importantes de gobierno, en gobiernos anteriores y en el actual. La propia Maritza Izaguirre estuvo al comienzo de este Gobierno, pero enseguida salió.”
-Este es un Gobierno que ha tenido cada vez más incursiones militares en cargos civiles. Incluso, en gobiernos anteriores, las mujeres ocupaban muchas más direcciones generales en los ministerios. Pero, el actual, es un Gobierno que le está dando mayor cabida a los militares hombres. Vale decir que, en Venezuela, las mujeres que entran al campo militar lo hacen a los niveles más bajos de la jerarquía.
-El otro punto importante es que, a pesar de que hubo un grupo de mujeres al inicio del Gobierno de Chávez, como por ejemplo, Blancanieves Portocarrero, ellas han sido desplazadas cada vez más por hombres. Por otra parte, quiero recalcar que no se trata, solamente, de que las mujeres accedan a los cargos sino que lo hagan con una visión transformadora y de género, es decir, que no obedezcan nada más que a la línea del partido. El problema es que hoy en día las mujeres que están en los partidos no tienen una visión de género sino que siguen la línea del partido, incluso, a veces, sacrificando los avances que pudieran darse en beneficio para las propias mujeres.
En la unión está la fuerza
Al hecho de que, la participación política de la mujer, en la actualidad, se limita a defender la política del gobierno, se suma otra lamentable realidad y es que se ha perdido el valor de lo que significaba la organización de mujeres. Brandler sostiene que mientras la mujer esté trabajando sola, se enfrenta al mundo masculino sola y, por lo tanto, tiene todas las de perder. En cambio, si tienen atrás un grupo fuerte de mujeres, con una buena formación teórica, que las apoyen, entonces, el panorama puede cambiar.
Refiere que, en Estados Unidos, se dieron cuenta que las mujeres no podían acceder al poder porque no tenían recursos para campañas políticas. Y fue gracias a un grupo de mujeres llamado EMILY LIST, integrado por las representantes de los dos partidos tradicionales, que se constituyó para conseguir financiamiento con el fin de apoyar a mujeres que se estaban lanzando en campañas políticas, que aquellas pudieron avanzar en el ámbito político. Otro movimiento de mujeres es WOMAN´CAMPAIGN INTERNACIONAL, el cual se dedica a preparar a mujeres candidatas para que sepan expresarse y cómo llevar una campaña política. De ahí, la importancia de fortalecer los movimientos de mujeres.
Carmen Rosillo, quien publicó junto con Carmen Teresa García Ramírez, trabajo sobre las organizaciones de mujeres en Venezuela, bajo el título Algunos logros y tareas pendientes del movimiento de mujeres (MM) de Venezuela, en la revista Rebelión, de Mérida, el pasado diez de marzo, sostiene que se ha llevado a cabo un conjunto de acciones, algunas de las cuales han trascendido notablemente. Estas investigadoras dividen en dos etapas lo que ha sido la participación del MM. El primero abarca desde 1975 hasta 1998, período de la llamada “democracia representativa” que caracterizó el sistema político venezolano de esos años, y que se fundamentó en unas formas organizativas consideradas como elitescas porque excluían de las acciones y discusiones a la mayoría de las mujeres. A pesar de ello, durante este tiempo se alcanzaron algunos logros que beneficiaban tanto a las mujeres como a la sociedad.
-En este período, el Movimiento trabajó a través de un pacto entre grupos de mujeres que hicieron a un lado sus tendencias políticas e ideológicas, lo que les permitió alcanzar algunos objetivos, como la adopción de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; creación de la Ley de Igualdad de Oportunidades de la mujer; redacción del anteproyecto de Ley contra la violencia doméstica y acoso sexual; se realiza la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer; se sanciona el artículo sobre la cuota de participación de 30 por ciento en la Ley de Sufragio y se crea la Ley sobre la violencia contra la mujer y la familia.
Refiere Rosillo que, a través de alianzas entre el Estado, las ongs (organizaciones no gubernamentales) de mujeres y las universidades, surgieron organizaciones como la Coordinadora de Organizaciones de Mujeres y las redes, éstas últimas estaban constituidas por ongs de mujeres y tenían el apoyo de entes gubernamentales. Durante este extenso período se realizaron, además, los dos Congresos Nacionales de Mujeres en las que las féminas pudieron expresar su situación de discriminación y subordinación. Posterior a estos eventos, se diseñaron algunas políticas públicas que, si bien de bajo perfil, al menos permitieron visualizar la realidad de las mujeres.
Pacto fracturado
El segundo período, comprendido entre 1999 y 2005, se inicia con la discusión y aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en la que se instituye la “Democracia Participativa y Protagónica”, la cual supone que la población, y en este caso las mujeres, deben organizarse desde la base, desplazando las formas de organización representativas denominadas redes, que predominaban en el período anterior.
-Las actuales formas de organización y la coyuntura de la crisis política, han fracturado el pacto entre las mujeres y, por consiguiente, debilitado el ya frágil Movimiento de Mujeres del siglo XX. Es justo reconocer que, en sus inicios, este período se caracterizó por un incremento de la participación de las mujeres en altos cargos de decisión, ya que un porcentaje nada despreciable de mujeres fueron nombradas ministras de Salud y Desarrollo Social, Producción y Comercio, Ambiente, Trabajo, Ciencia y Tecnología y de la OCI, entre otras; además, de viceministras de Educación y de Deporte. Hubo una Procuradora y una Vicepresidenta de la República.
-El actual Gobierno ha estado marcado por el avance en la discusión nacional sobre la situación de las mujeres, que se expresa en la concepción del Plan Nacional de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres del 2003. Se crea el Instituto Nacional de la Mujer que sustituye al CONAMU (Consejo Nacional de la Mujer), la Defensoría de la Mujer y el Banco de Desarrollo de la Mujer. Desde el 2002, se discute, en la Asamblea Nacional, el Anteproyecto de Ley Orgánica de los Derechos de las Mujeres para la equidad e igualdad de género. Asimismo, las mujeres se han incorporado en las diferentes misiones como facilitadoras y participantes; se sabe, incluso, que la mayoría de participantes son mujeres, aún cuando no se manejen cifras estadísticas al respecto.
Mujeres a la cabeza
María Victoria Canino sostiene que la revolución bolivariana está soportada sobre los hombros de las mujeres: “Cuando analizamos las marchas, inclusive las que organiza la oposición, observamos que la participación femenina es mayor. Inclusive, quienes llevan adelante las misiones son mujeres, aunque la cabeza visible de las mismas sean hombres”.
Explica que las misiones le han permitido a las mujeres tener acceso a una serie de beneficios en materia de educación, salud, consumo y créditos de los que habían sido excluidas hasta entonces; además de dar pie a la creación de 10.584 nuevas organizaciones o puntos de encuentro que han permitido ir creando un nuevo tejido social y una conciencia de identidad política en defensa del proyecto político nacional.
-Pero, a las mujeres nos siguen excluyendo de los cargos donde se toman decisiones. Es por ello que algunas dicen que más que un movimiento de mujeres que luchan por sus derechos, lo que existe son “mujeres en movimiento”.
Rosillo coincide con Brandler al señalar que, a las nuevas organizaciones de mujeres se les ha hecho difícil adelantar una política pública con visión crítica de género, pues han dado mayor importancia al hecho de cómo acompañar al Presidente de la República en este período tan conflictivo y de cómo hacer frente a la política desestabilizadora de la oposición.
-Ya sin verdaderas alianzas y pactos entre grupos de mujeres como en el período anterior, en estos últimos años se ha ampliado el MM en los sectores populares con otras necesidades, expectativas y con diferentes formas organizativas y prácticas, y sin una real crítica a la sociedad patriarcal. Mientras tanto, la discriminación y la violencia hacia la mujer, continúa.
Paridad en listas de elegibles
El Instituto Nacional de la Mujer presentó recientemente, al Consejo Nacional Electoral, la opción de ir más allá de las cuotas de mujeres en las listas presentadas por los partidos políticos. Es decir, se solicitó que hubiera paridad.
Brandler aclara que la paridad no es, necesariamente, que haya un 50-50 de candidatas y candidatos presentados en las listas. En algunos países es 40-60, pero, en Venezuela, se presentó como la posibilidad de un 50-50 y, en efecto, el CNE pidió a todos los partidos políticos que le presentaran listas con 50 por ciento de mujeres. Algunos partidos, de hecho, tuvieron que retrasar la entrega de listas porque a última hora todavía no sabían a cuáles mujeres iban a postular. “Entonces, podríamos esperar que en las próximas elecciones habrá más mujeres”.
-Aunque el CNE no tiene la potestad de legislar, eso es algo que tendría que ir a la Asamblea Nacional y ser aprobado allí como una obligación de los partidos políticos de incluir el 50 por ciento de mujeres en las listas. Al menos, es un avance de las mujeres con el apoyo de Tibizay Lucena, quien fue la persona que presentó la propuesta a la directiva del CNE.
-Creo que es una conquista lograr que los partidos políticos se vean forzados a darle espacio a las mujeres en sus listas porque le abren las puertas a éstas para que puedan ingresar a sus filas. Pero, reitero que, también, es importante la visión de las mujeres que acceden al poder político; es decir, ¿cuál es la línea del partido político en este momento? Pues controlar todos los espacios. Entonces, ¿las mujeres quieren llegar al poder para llevar adelante una serie de políticas que van desde los temas sociales a contrarrestar, por ejemplo, la corrupción que hay dentro del Gobierno? Esto es lo que siento que falta en este momento: no existe una visión de género; existen espacios donde las mujeres están discutiendo esos temas, pero no se ha hecho un avance real en este sentido. No siento que este avance se haya dado en el interior de partidos políticos como el MVR, cuyos militantes están más preocupados por ocupar espacio, de hablar del enemigo común, de la disputa entre ellos por la conquista de espacios, que realmente pensando en hacer avances en materia de programas sociales, de atender los problemas reales de las comunidades.
La Constitución visualizó a la mujer
Cuando se elaboró la actual Constitución hubo un llamado a muchos grupos de mujeres para que acudieran a presentar propuestas de modificaciones que le permitieran una mayor inclusión y relevancia política.
Sin embargo -señala María Victoria Canino-, de las 126 personas que participaron, solo 15 eran mujeres, lo que constituye solo un 12 por cierto. No obstante, señala como logro importante de las mujeres el que en esta Constitución aparezca, de manera diferenciada, las categorías “Hombre” y “Mujer”.
Explica Natalia Brandler que, aún cuando mucha gente lo considera banal y hasta se mofa de ello, el hecho de hacer visible a la mujer como una persona que tiene la posibilidad y la capacidad para acceder a cargos, como por ejemplo, el de “Presidenta de la República”, es ya un paso importante.
A María Victoria Canino le “resulta curioso” que “a la mujer en esta Constitución, se le mencione siempre en segundo lugar, a excepción de aquellos artículos referidos a los derechos sociales, a la familia y a la protección de ésta, lo cual habla de una discriminación de género”.
Pobreza con rostro de mujer
Señala esta investigadora, que la discriminación de la mujer es un problema que trasciende a las propias mujeres y tiene que ver con la discriminación de las minorías, con el tema de la pobreza. “A veces, la discriminación es menos visible en los estratos económicos más altos; pero, la mujer con menos recursos económicos, la que representa los estratos más duros, más pobres de la sociedad, es la que tiene un camino más duro por recorrer”.
Brandler expresa que, hay una serie de reivindicaciones para las mujeres, presentes en la Constitución, que no están suficientemente definidas. “En este sentido, ha habido un gran atraso y lo atribuyo al hecho de que el proyecto del presidente Chávez está referido al control de las instituciones, al control político; y ahí, no he visto espacio para las mujeres”.
Visión política conservadora
-Podríamos decir –sostiene Natalia Brandler-que todavía en Venezuela, hay una visión bastante conservadora de cuál debe ser el papel de la mujer en la política. Es decir, se tiene la idea de que la mujer está puesta en la política para que se encargue de los asuntos que le interesan a las mujeres, los cuales son muy importantes porque nadie los atiende. Podríamos mencionar, por ejemplo, problemas de salud, lo que tiene que ver con el cuidado de los hijos, con las facilidades para que la mujer trabaje, con la salud reproductiva. Pero, hay temas en los que las mujeres no incursionan y que son, igualmente, fundamentales como, por ejemplo, el control de los dineros públicos, los temas de seguridad y defensa. Hay países en donde la participación de la mujer en materia de seguridad implica que ésta tenga una visión de género, de proteger, también, los intereses de las mujeres.
-Se dice que las mujeres tienden a colocar más dinero en lo que se refiere a impedir los conflictos, es decir, invierten en la prevención del delito más que en la preparación para el conflicto. En fin, ésta es una área que todavía tiene mucha discusión, pero es un error pensar que las mujeres solamente nos ocupamos de los problemas sociales.
María Victoria Canino señala que, la mujer empieza a participar en aquellos ministerios donde pareciera que sus funciones son una extensión de las tareas que venían desempeñando, en el hogar:
-El Ministerio de la Familia parecía un ministerio natural para la mujer. En la actualidad, son los de Ciencia y Tecnología, Trabajo y Salud; pero, lo que tiene que ver con Economía, dirección del Banco Central de Venezuela, la Vicepresidencia de la República, aún cuando tuvimos una viceministra por poco tiempo, sin embargo, esos puestos que son muy fuertes, parece que la mujer, por algunas percepciones que se tienen de esos cargos, y de lo que es la subjetividad femenina o la masculina, pareciera que todavía no puede llegar, ahí.
Dice que a la mujer se le asocia con estereotipos que tienen que ver con la delicadeza, la sutileza, con las cosas más generales, con los detalles; mientras que, al hombre se le coloca como un ser objetivo y profundo, a la hora de tomar decisiones.
La mujer “macha”
Estas conclusiones son el resultado de un estudio realizado por esta socióloga, conjuntamente, con la jefa del Departamento de Estudios de la Ciencia del IVIC, Hebe Vesuri, sobre la participación de la mujer en ciencia, tecnología y política. A tales efectos, realizaron entrevistas a cincuenta y ocho personas, entre hombres y mujeres, para conocer cuáles eran los estereotipos que se estaban manejando en cuanto a la participación de la mujer a nivel de ciencia, tecnología y en ámbitos de toma de decisiones.
-Nos encontramos con que, incluso, hay hombres que están en las esferas del poder y piensan que las mujeres son las que embellecen las ideas, pero, son ellos quienes las conciben.
-Para algunas cosas, el estereotipo funciona a favor de la mujer como ser blando, dulce y conciliador. Es así como, por ejemplo, se le coloca a una mujer, de manera oportuna, al frente de un comité de negociación para que medie ante los estudiantes agresivos que realizan violentas protestas, porque se supone que ellos serán incapaces de agredirla.
Neuróticas, frustradas o “sin marido”.
-Por otra parte, pareciera que cuando la mujer está en ámbitos duros tiene que adoptar posturas asociadas con lo masculino. Entonces, es la mujer “macha” la que puede optar por un cargo de directora de una empresa o estar al frente en un conflicto, porque es la manera de ser escuchada. Es la doble utilización de los estereotipos. En todas aquellas comisiones y cargos que ameritan un trabajo real, de análisis, de esfuerzo sostenido, de propuestas, ahí está la mujer participando, aún cuando la cabeza visible sea un hombre.
-Generalmente, para la mujer que trabaja en el área de género, el estereotipo que existe es que somos feministas y este término trae implícita la idea de que le tenemos rabia a los hombres o de que querernos imponernos por encima de ellos. Los hombres y mujeres tienen visiones del mundo, distintas, pero no por ello, unas son mejores que otras sino que tienen que ser complementarias para que haya un equilibrio en la sociedad. Entonces, las mujeres se han visto sometidas a una descalificación porque están haciendo trabajo de género, de ahí que se las llame neuróticas, frustradas o “sin marido”.
La mujer y el sistema electoral
Carmen Rosillo refiere que en la vida venezolana, los procesos electorales han servido para afianzar el régimen democrático. “Las elecciones son uno de los más importantes eventos de participación ciudadana, pues por su intermedio es posible el acceso o la exclusión de los cargos del Estado; pero, este viraje político que va a caracterizar el sistema político venezolano de 1958 hasta nuestros días, no ha implicado una realidad esencialmente distinta para las mujeres”.
Natalia Brandler, quien ha dedicado varios años de su vida al análisis del sistema electoral y cómo los mecanismos del sistema impiden o favorecen la entrada de mujeres en la política, señala que, si un municipio o un consejo legislativo regional tiene un número de candidatos que va por lista y otro uninominal, si tiene un partido la posibilidad de ganar 4 a 5 escaños en un municipio o en un estado, la posibilidad de que entre una mujer de segundo, tercer y cuarto lugar, porque la ponen de último en la lista, es mucho mayor.
En cambio, si en un municipio hay dos o tres puestos, por ejemplo, dos concejales a ser elegidos por lista, probablemente, esos dos se los queden los hombres de los partidos, porque el primero de la lista suele ser un hombre.
-En Venezuela hemos tendido, y de nuevo volvió a suceder para las próximas elecciones municipales del 7 de agosto, a reducir el tamaño de los municipios. Mientras más pequeño es el municipio, es menor el número de personas que pueden entrar por lista y menor la posibilidad que tiene la mujer de entrar, y si la incluyen en la lista la ponen en el tercer puesto.
-Se sabe que el sistema de las listas suele beneficiar a las mujeres porque siempre son varios cargos a elegir, por lo que las mujeres pueden quedar en el segundo o tercer puesto. En cambio, cuando es uninominal, por lo general, los hombres suelen pelearse los municipios donde hay más dinero, donde el presupuesto es mayor. Cuando las mujeres entran por el sistema uninominal, suelen llegar a municipios pequeños, donde no hay poder ni dinero. Por eso es muy importante que las mujeres conozcan el sistema electoral para que entiendan en qué condiciones están saliendo al “ruedo”, cuando salen a la elección.
Formarse políticamente
Natalia Brandler recomienda a las mujeres que quieren hacer vida política, que conozcan cómo está estructurado el sistema electoral, cómo hace una mujer para ganar la campaña política, dónde están los principales obstáculos, “porque lo que sucede es que le dicen a la mujer que tiene que prepararse y tratan de culparla por no acceder al poder político cuando, en realidad, el problema es la estructura, cómo la estructura le impide a la mujer acceder al poder político”.
María Victoria Canino indica que uno de los factores que impide a la mujer incorporarse con mayor entrega al ámbito político o a asumir cargos de mayor envergadura es el horario:
-Generalmente, estos cargos de concentración de poder requieren de mayor dedicación o de tiempos y lugares no convencionales para tomar las decisiones. Vemos que grupos de políticos y de dirigentes se reúnen para tomar decisiones fuera de horarios de trabajo y en sitios donde la mujer no sería bien vista, es decir, restaurantes o en lugares donde se sirve licor. Las mujeres que van a esos sitios, se arriesgan a poner en tela de juicio su honorabilidad.
-Hay que decirle a las mujeres –aconseja Brandler- que el problema no son ellas; claro, hace falta un liderazgo, que sepa hablar, que tenga ideas, que sepa luchar por sus ideas, que tenga la capacidad para eso; pero, también hace falta que entienda qué es lo que tienen que transformar dentro de sus propios partidos y dentro de la estructura, por ejemplo, del municipio. Cómo se toman las decisiones dentro de la Cámara Municipal y que la mujer esté allí y que tenga suficiente peso.
Rezago partidista venezolano
Blandler refiere que fueron los partidos de izquierda ecologistas de Europa, los que presionaron para que hubiera una inclusión mayor de las mujeres. Esa renovación de los partidos políticos, mucho más inclusivos hacia las mujeres, no se ha reflejado en los partidos venezolanos.
-Los partidos venezolanos de la revolución siguen siendo, fundamentalmente, dirigidos por hombres y siguen teniendo una estructura de decisión bastante jerárquica. La inclusión de la mujer dentro de los partidos necesita que éstos sean democráticos porque los líderes de los partidos suelen tomar decisiones que, necesariamente, no están acordes con las decisiones de la comunidad; porque la comunidad, de pronto, conoce el trabajo de una mujer que ha hecho mucho por ella y desean elegirla, pero no necesariamente, el jefe del partido decide que esa mujer es la que va a llegar al poder.
-Es por eso que digo que todos los partidos políticos se benefician de una unión de las mujeres para lograr mayor transparencia. Es necesario que las mujeres tengan realmente el deseo de transformar las sociedades, de hacerlas más justas, donde haya inclusión, se elimine la pobreza y que, en vez de seguir los lineamientos de los partidos, puedan tomar decisiones entre ellas.
Mujer arriba, mujer abajo…
-Otro dato curioso con el nos topamos, durante las entrevistas –revela María Victoria Canino-, fue que hubo mujeres que nos dijeron que era normal que, en un organismo, el personal fuese mayormente femenino y la cabeza un hombre y, en este caso, las mujeres siempre estaban haciendo cosas para facilitarle el trabajo a los hombres; es la imagen del hombre que, desde pequeño, siempre ha tenido una mujer a su lado, ya sea la madre, una tía o una hermana, ayudándolo a resolver las cosas. Así ocurre en su vida adulta, profesional. Mientras que, en el caso de un organismo regentado por una mujer, ésta recibía menos colaboración de su personal femenino, la razón es que se percibe a la mujer como más autosuficiente, como que ella necesita menos apoyo, que el hombre, en ese mismo cargo. La idea que tenemos de la mujer con respecto a la propia mujer, parte de la percepción muy propia que tenemos de que como yo me valgo por mí misma, soy autosuficiente, entonces, doy por sentado que ella (la jefa en este caso o cualquier mujer) también lo puede ser.
-El otro caso que también vimos es que, cuando el hombre está arriba y tiene un montón de mujeres abajo, la mujer colabora con bastante tranquilidad. Pero, cuando la mujer es la que está arriba y tiene debajo algunos hombres para que le hagan el trabajo, hay resistencia por parte de ellos para colaborarle.
En los gobiernos locales
Recientemente, Natalia Brandler dictó un taller denominado “Las mujeres en los gobiernos locales: inequidad de género y oportunidades políticas”, el cual se realizó en la Universidad Simón Bolívar. Al mismo asistieron 31 candidatas a concejalas de Caracas y del interior del país. 8 del MVR, 2 del MAS, 3 de PJ, 2 de PODEMOS, 1 de Proyecto Venezuela, 6 de AD, una apoyada por varios grupos de electores de su comunidad, una apoyada por varios partidos, 2 del PPT, 1 de COPEI, y otras líderes emergentes (que no son candidatas).
-La experiencia fue maravillosa pues lograron dialogar sobre puntos de común interés, e incluso llegar a acuerdos de una agenda con enfoque de género una vez que sean electas, sin distinción por partido político, pues identificaron problemas que comparten todas las mujeres. Participaron como ponentes las invitadas internacionales de Perú, Ecuador y Argentina. De Perú vinieron Raquel Barriga Velazco y Gina Cazafranca, quienes presentaron su experiencia en proyectos municipales con enfoque de género en el municipio Villa María del Triunfo. Asistió Tibisay Lucena, quien nos habló sobre los resultados de la solicitud a los partidos de presentar listas paritarias. El resultado, sin ser paritario, supone un avance, pues si incluimos candidatas principales y suplentes, tenemos que el promedio es de 33,56% de mujeres y su contamos solo las principales es de 22,83%. Según mis datos, en el año 1995, el porcentaje de candidatas fue de 17,6%, así que hubo un aumento de 5 puntos con la resolución del CNE.
SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela
Nro. 3 - Caracas, Julio-Agosto de 2005
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Elsa Mora, ex decana de Humanidades de la ULA
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El machismo seduce
y descalifica a las mujeres
en las universidades
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La profesora Elsa Josefina Mora, filóloga, investigadora especializada en Francia, ejerció el Decanato de Humanidades y Educación de la Universidad de los Andes. Ahora, ha retomado varios de los proyectos de investigación que había postergado.
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**** Las docentes se enfrentan a un camino escabroso que deben saber superar
**** Propone unión y hablar un solo idioma, en el caso del Decreto 3444
**** En su gestión de tres años, estableció el control automatizado de asistencia
y levantó expedientes a profesores irresponsables
**** La investigación es la búsqueda
de respuestas, y los estudiantes deben dedicarse
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MARIELA ESCOLA
murielescola@hotmail.com
Fotos: Silveidy Duarte Toro
Fue la primera falda en llegar a dirigir los destinos de la Facultad de Humanidades de la Universidad de los Andes, con una fama de mujer dura, más no insensible, firme sin ser dictatorial. Elsa Josefina Mora estuvo al frente de la casa de las letras por espacio de una gestión, comenzando en el año 2002, tiempo de conflictos en el país y los cuales asumió muy a pesar de las críticas.
El rol de la mujer, a su juicio, es el más difícil en nuestra sociedad:
-El camino de nosotras en las aulas universitarias sin duda es escabroso, el machismo es una situación que vivimos día a día. Debemos tener un expediente muy limpio en nuestra carrera profesional y personal. Nos atacan en primer término con la seducción, luego llega la negociación y al no poder entrar al terreno que desean, nos descalifican.
Sin embargo, ella supo manejar esos obstáculos, y pudo levantarse de las circunstancias de país, que atacaron las aulas universitarias en el año 2002. La Facultad de Humanidades, luego de una asamblea de profesores y alumnos decidió seguir de puertas abiertas, enfrentándose a situaciones inesperadas y de agresión.
-Hay que ser firme, y poner orden dentro de las aulas universitarias. A veces, las amenazas llegan, pero se deben evadir. Vivimos una situación difícil en la Facultad, cuando se produjo una expulsión de un alumno por faltar el respeto a un profesor, y este joven era problemático en todas las instancias universitarias y muy a pesar del excelente promedio que tenía, se tomó la decisión y todo volvió a la calma.
Defensora de la Academia
Para Elsa Mora, la academia es la casa del conocimiento y de la libertad, esas armas deben defenderse como universitarios… no perder esa esencia:
-El recurso en nuestras aulas universitarias es muy valioso, pero mucho hemos olvidado nuestra academia, los docentes ponen a un lado sus trabajo de ascenso, de extensión, su labor dentro de las aulas y esto ha traído detrimento en nuestra educación. Muchas veces, hay educadores que se quedan en otros países, cuando realizan su año sabático, mientras en las facultades necesitamos de su aporte. A los venezolanos les va muy bien en el exterior; en este país, nada funciona, y los profesores entonces, en otros países, están preparados para resolver problemas, porque cuentan con todas las herramientas con las que no tienen en su país.
Docentes que no cumplen
Motivar a los profesores a mantenerse en sus escalafones, debe ser imprescindible para cualquier docente que aspira mantenerse en la academia, la labor investigativa no debe perderse. En las universidades del país según Elsa Mora, hay mucha gente competente y valiosa, pero hay otros docentes que no cumplen con la labor de academia y de atención al estudiantado.
-Los presupuestos de las universidades son globales, muchas veces el dinero yo llega suficiente a las facultades, y éstas tienen necesidades diferentes que deben ser resueltas, pero no se cuenta con el presupuesto requerido, esto es algo que debe adecuarse, dice por su experiencia.
Como decana de la Facultad de Humanidades de la ULA, abrió varios expedientes a los profesores que no cumplían con sus labores, que no asistían a sus clases normales, e introdujo innovaciones.
-En las facultades se cuenta con muy pocos recursos –expresó Mora-. No se tiene decisiones sobre los cargos o ingreso de personal y esto hace aún más difícil la acción decanal. Por ello decidí automatizar la asistencia de la planta profesoral, y esto ya se ha extendido a otras facultades, y nos ha dado buenos resultados.
Camino lleno de lineamientos
Elsa Josefina Mora entregó hace dos meses el decanato, dejando ese hálito de buena gestión.
-No quise reelegirme –cuenta-, tres años de gestión merman tu academia y el trabajo que se debe hacer dentro de la universidad. Acabamos de culminar un proyecto con la universidad francesa financiado por el CONICIT, que es un sintetizador de voz venezolano, y el mismo en una segunda fase será aplicado en personas con algunas deficiencias.
A su salida del decanato dejó según sus palabras, “un camino lleno de lineamientos” que está segura, pondrá en marcha el nuevo decano. Dirigir los destinos de la Facultad de Humanidades de la Universidad de los Andes es una de las experiencias más enriquecedoras que ha vivido, porque aprendió el sentido de la universidad.
De los logros
La experiencia como académica frente al decanato fue muy fructífera, se abrieron postgrados, doctorados y la revisión curricular dentro de la Facultad es un hecho. Apoyada por su equipo, que catalogó como su mayor fortaleza, logró grandes cambios en esta instalación universitaria.
-Otra de las inquietudes que no se pudimos cumplir a cabalidad, pero se dieron pasos importantes, es integrar al estudiante a las jornadas de investigación, para motivarlos a conocer más de cerca esta herramienta tan necesaria en nuestras universidades. La investigación es la búsqueda de respuestas y los estudiantes deben dedicarse.
La política se mete en las aulas
Hablar sobre el decreto 3.444, parece ser materia obligada entre los universitarios. Nuestra entrevistada asegura que dentro del mismo se prevé algunas acciones que podrían ser peligrosas para la universidad: “no podemos permitir que las políticas que rigen a nuestro país comiencen a ingresar a nuestras aulas universitarias” dijo.
-Hay grandes movimientos, y muy a pesar de que ya el decreto está en gaceta y es un hecho, como universitarios estamos discutiendo algunas propuestas, las mismas se darán a conocer, porque es la opinión general defendernos y no callar.
Elsa Mora se despidió del decanato, dejando tras de sí la estela de una mujer que supo llevar “los pantalones” en los momentos difíciles que le tocó vivir, mientras estaba al frente de la Facultad de Humanidades, dependencia universitaria que no cerró sus puertas en la crisis de abril del 2002, porque creyó en esa alma mater… ese sentir que debe llevar cualquier profesor que pretenda una mejor universidad… un mejor país.
SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela
Nro. 3 - Caracas, Julio-Agosto de 2005
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